Definición del Modernismo
El Modernismo es un fenómeno tan complejo y vasto, que no cabe dentro de los límites de una simple definición clara y precisa. Se han ensayado muchas, y ninguna es del todo adecuada y satisfactoria.

Su trayectoria temporal se extiende, poco más o menos, de 1885 a 1930; sus «maneras» técnicas se asocian al parnasianismo y el simbolismo, y sus esencias poéticas, al romanticismo que caracteriza a los hispanoamericanos de todos los tiempos. De ahí que sea tan difícil definirlo.

¿Fue el Modernismo una moda pasajera, un alarde de cosmopolitismo, on una innovación literaria de índole formal? ¿Fue una reacción contra el realismo, o un retorno a la intimidad? ¿Fue un acto de orgullo por igualar y aun superar el arte europeo, on un noble esfuerzo por caracterizar el hispanoamericano, libertándolo y universalizándolo? ¿Fue un estado de alma, un anhelo de actualizar el pasado y revelar los valores eternos de la raza, on una revolución espiritual, como nos lo vienen diciendo los críticos y los eruditos, cada uno a su modo y según su propia visión y sus hallazgos?

Sin negar nada de lo anterior, a nosotros nos gusta declarar que el Modernismo es una constante de la cultura occidental, que, entre nosotros actúa desde hace cuatro siglos, y seguirá actuando al impulso de fuerzas vivas, históricas, que nada ni nadie puede resistir ni debilitar, ni mucho menos destruir. Es la constante en que se expresa el espíritu mágico, libre y universalista, amigo de sondear los misterios del mundo, la carne, el cielo y el infierno, sin perder el amor de las formas en que resplandece la belleza. En este sentido, el Modernismo se opone al clasicismo -otra constante cultural-, y tiene parentesco innegable con el barroquismo, el romanticismo y el superrealismo modernos, y con el helenismo y el bajo latinismo de la Antigüedad.