Alfredo Gómez Jaime
(1878 - 1946)

Poeta, novelista, dramaturgo y periodista y diplomático nacido e en Tunja el 2 de Junio 1878 y fallecido en Villeta el 21 de agosto de 1946.

Estudió en el Colegio del Rosario de la capital colombiana, y en la Universidad Republicana. Antes de cumplir 25 años, publicó su primer libro de poesía titulado Hojas, prologado por el poeta Julio Flórez. Al poco tiempo viajó a Europa, donde también publicó otro libro con el título Impresiones rápidas (1905). Luego, fue nombrado secretario de la legación colombiana en la capital española, al tiempo que el poeta Julio Flórez publicara otro libro de poesías titulado Rimas del trópico (1907), De la aparición de este tomo se ocupó mucho la prensa de España, lo mismo que varios periódicos de Italia y Portugal. Al obtener este éxito, los intelectuales españoles brindaron un banquete a Alfredo, al que concurrieron los más eminentes literatos de España de 1907. De la legación de España pasó a ser secretario de la legación en Quito, y posteriormente a la de Caracas. En 1918, sirvió de cónsul en Tulcán y de 1920 a 1927, fue cónsul en Vigo. En este año, regresó a Colombia y se radicó en Ibagué.

El hecho de haber permanecido largo tiempo en el exterior le proporcionó la oportunidad de adquirir las mejores relaciones con literatos eminentes. En España, mantuvo amistad muy de cerca con el poeta Salvador Rueda, de quien parece ser discípulo. Fue miembro correspondiente de las academias de historia de Colombia y Venezuela. Perteneció a la sociedad jurídico-literaria de Quito y de otras corporaciones extranjeras. Los gobiernos de Cuba, España, Japón y Venezuela lo condecoraron por las grades calidades de sus poesías. Fundó varios periódicos como «El Espectador» en San José de Costa Rica, «El Escudo» y la «Pluma Libre» en Bogotá y la «Revista Latina» en Madrid, en compañía de Francisco Villaespesa y de Amado Nervo.

Individualmente fue uno de los poetas más brillantes de Hispanoamérica durante la primera mitad del siglo XX. Al celebrar la ciudad de Tunja en 1939 sus 400 años de haber sido fundada, Alfredo junto con sus paisano y también poeta, José Joaquín Casas, fueron coronados solemnemente como poetas nacionales. Alfredo fue premiado en varios concursos literarios. Los poetas Salvador Rueda y el profesor de la Universidad de Madrid, Femando González Rodríguez, conocieron muy a fondo la poesía de Gómez Jaime y le hicieron altos elogios a sus cualidades especiales de bardo lírico. Muchas de sus composiciones poéticas se encuentran vertidas al francés, portugués, italiano y alemán.

Salvador Rueda, el poeta español que prologó su libro Rimas del Trópico, quizás el que mayor fama le dio, dijo de él: “canta lo mismo lo interno que lo externo, el sentimiento que lo plástico, la amargura carnal del hombre que su alma. Es perseguidor de la imagen que muchas veces le brota repentina como una lumbrarada. La clásica urdiembre de este poeta es seria, noble y tiene carácter; posee todos los perfectos moldes de la expresión, singularizados por un ámbito especial que les presta novedad y belleza. El idioma de la poesía es para él un lenguaje natural. Y Francisco Villaespesa, en el prólogo de Aves viajeras, dijo que las características de su poesía han sido siempre una maravillosa intuición rítmica, que da a sus estrofas una musicalidad inconfundible; una gran fuerza creadora de imaginación... un sentido plástico del ritmo y un sentimiento rítmico del color. Le cantó, de modo cósmico, a la tierra,"barco gigante que cruza el espacio“.

Para el público, Alfredo Gómez sólo se conoce como poeta, aunque también publicó algunas novelas, cuentos y algún drama. Sus colecciones de versos figuran como de lo más valioso en toda su producción literaria, por la calidad de su poesía, la que se distingue por su brillante fantasía y versificación caprichosa. Se consagró sobremanera a su vocación de escritor.

Entre sus obras poéticas publicadas están: Hojas (1898); Impresiones rápidas (1905); Cantos de gloria (1907); Rimas de trópico (1907); Aves viajeras (1924); Gatitos de gloria (1917); Armonía y emoción (1928); Rosario lírico (1930); Pétalos; Blasones (1939).

Como prosista se le recuerda por su libro de cuentos Prosa y ensueño; las novelas Por un alma vengo, Voluntad triunfante y Bajo la máscara (1929); la novela teatral Explorador del infinito (1932); y los libros de ensayos y artículos Crónicas literarias y Siluetas y recuerdos.
Novelas
Por un alma vengo 
Voluntad triunfante
Bajo la máscara
Explorador del infinito

Relatos
Prosa y ensueño

Ensayos - Artículos - Crónicas
Crónicas literarias
Siluetas y recuerdos