Bernardo Couto Castillo
(1880 - 1901)

Perteneciente a una familia acomodada, Bernardo Couto Castillo fue nieto de José Bernardo Couto Pérez, destacado jurista, senador, miembro de la Academia de la Lengua, director de la Academia de San Carlos y autor del célebre Dialogo sobre la historia de la pintura en México.


Estudió en el Colegio Francés, el cual abandonó a los catorce años, Precoz y perseverante en su afán de divulgar sus escritos, no faltó quien lo tachara de niño rico y consentido al verlo rondar por las redacciones de periódicos y revistas en compañía de un sirviente.

 

En 1893 consigue publicar su primer cuento en "El Partido Liberal". Posteriormente, su trabajo como cuentista, traductor y articulista sería bien recibido en "El Nacional", "El Mundo" y "La Revista Azul". pese a su corta edad, fue aceptado fraternalmente por el círculo de escritores modernistas. Entre 1894 y 1896 realiza un viaje a Europa en el que conoce a Edmond Goncourt.

 

Fue el producto más acabado de la mitología “maldita”. Su leyenda ilumina una promesa incumplida, la de un jovencísimo escritor agresivo que dilapida su talento en los laberintos de su radicalidad adolescente. Pagó con su vida el mito del artista adolescente devorado por la pasión literaria. Bien visto, Couto fue víctima de sus cualidades: la agresividad y el exceso de la prosa.

 

La breve juventud de Couto Castillo transcurrió entre su trabajo como escribiente en la Tesorería de la Secretaría de Hacienda, prostíbulos, cuartos de hotel, excesos, con alcohol y los llamados paraísos artificiales que finalmente en las palabras de José Juan Tablada al referirse al joven escritor: "pálido tripulante en el siniestro Buque Fantasma del Tedio".

 

Publicó Asfódelos, su único libro, en 1897 y al al año siguiente editó el primer número de lo que sería la "Revista Moderna", cuyos derechos cedió a Jesús E. Valenzuela al no poder costearla.

 

Además de las doce narraciones que Couto Castillo reunió en Asfódelos, se ha identificado por lo menos una veintena más de textos dispersos en las publicaciones donde colaboró. Originalmente, gran parte de sus relatos fueron agrupados por él mismo en diversas secciones editoriales a las que tituló "Cuentos del domingo", "Cuentos negros", "Los mosaicos", "Poemas locos" e "Insomnios fantásticos"; todos ellos compilados en Cuentos completos (2001) por Angel Muñoz Fernández. No obstante, Asfódelos sigue siendo la referencia obligada de la obra de Couto Castillo y, como afirma Vicente Quirate, "acaso el manifiesto más importante de los escritores de fin del siglo XIX que hacían del decadentismo su bandera inmediata y qeu con la exploración del cuerpo hicieran una estruendosa despedida del siglo que lo había exaltado y al mismo tiempo condenado".

 

De su narrativa, los críticos han destacado generalmente como tema central en ella el amor infortunado, característica a la que se podría agregar su afinidad por la mujer fatal, el erotismo, el deseo, la sensorialidad, la sensualidad y la violencia; asimismo, su capacidad para evocar mundos de sensaciones e impresiones donde la locura, la pesadilla, la enfermedad y la enajenación determinan las conductas anómalas, marginales y antisociales de los personajes.

 
Hubiera querido que Asfódelos fuera más que literatura, un manifiesto de la decadencia y el spleen. Pero este deseo, como se sabe, puede echar a perder al narrador más dotado. Y así le sucedió a Couto. Los doce relatos que forman Asfódelos cuentan un fracaso: el del exceso imposible. Nada más inocente que un personaje cuyo deseo más íntimo es asesinar a un recién nacido, como sucede en “El derecho a la vida”. O bien, nada menos perverso que los recuerdos de un asesino en “Blanco y rojo”:

El estudio de la muerte que se propuso Couto en Asfódelos es estéril porque, como se sabe, todo exceso acaba por neutralizar su obsesión. Las doce piezas narrativas son la muestra de un buen lector de Baudelaire, Laforgue y Gautier y un escritor hábil, bien dotado para la narración breve. Quiso adaptar los ácidos corrosivos con que escandalizó Baudelaire a la Francia de los cincuentas con un conjunto de poemas, Les Limbes, expresiones de la ciudad moderna, cuyos fantasmas invadidos de tedio son los personajes centrales: asesinos, putas, alcohólicos, artista fracasados. De Laforgue adaptó las imágenes extremosas, la sangre, los sueños escatológicos, la lividez tísica de las prostitutas; de Gautier, imitó y quiso poner en práctica el llamado del ennui que se resumió en una frase sospechosa y terrible: “Plutôt la barbarie, que l’ennui”: es preferible la barbarie al tedio. La mezcla enloquecida de estas lecturas produjeron los cuentos de Asfódelos.

Relatos

Cuentos Pre-Asfódelos

La vida de un artista

Los dos colaboradores

Entre el arte y el amor

El ideal

Eduardo

Las dos hermanas

Esbozo del natural

La venganza

Sin título (I)

El traidor

Delirium

Eterna unión

Mi ambición

El encuentro

Sin título (II)

Sin título (III)

Sin título (IV)

Heroísmo conyugal

La nota aguda (Contornos negros I)

Contornos negros II

Contornos negros III

Contornos negros IV

La perla y la rosa

Un malogrado

La canción del ajenjo

Hora de fiebre

Las madonas artificiales

Día brumoso (Monólogo triste)

Un retrato

Cleopatra

Oro y negro

El jardín muerto

 

Asfódelos

La alegría de la muerte

Una obsesión

Ultimas horas

Lo inevitable

¿Asesino?

Blanco y rojo

Causa ganada

¿Por qué?

Un aprensivo

El derecho de la vida

Rayo de luna

Lo que dijo el mendigo

 

Cuentos Post-Asfódelos

Mi alma de entonces

El perdón de Caín

El último amante

¡Mujer! ¿Qué hay de común entre tú y yo?

Celos póstumos

El agua

A la señora Juana González de Valenzuela

Una pasión de ciego

Un recuerdo

El poseído

A unos ojos

La primera lágrima

 

Pierrot

Pierrot enamorado de la gloria

Pierrot y sus gatos

Las nupcias de Pierrot

El gesto de Pierrot

Caprichos de Pierrot

Pierrot sepulturero