Darío Herrera
(1870 - 1914)

Darío Herrera nació el 18 de julio de 1870 en Panamá cuando era todavía parte de Colombia. Su madre fue Juana de las Rosa, panameña, mientras que su padre, Lino Clemente Herrera, era de ciudadanía colombiana residente en Panamá. Alguno eruditos piensan que la nacionalidad de Lino de gran influencia en la desición de su hijo en ser diplomático en América Latina y posteriormente en Francia. Se conoce poco de la niñez o adolescencia de Herrera. Se sabe que era un ávido lector, autodidacto y siempre deseoso de compartir su apasionado amor por las letras.
 
Viajó por varios países sudamericanos, especialmente Perú, Chile y Argentina. Se radica en Buenos Aires, en donde frecuenta los ambientes literarios y vive dedicado al periodismo y a la enseñanza de la literatura. En 1904 se embarca para Francia con el fin de ocupar el cargo de cónsul en Saint-Nazaire, pero sus aspiraciones se ven frustradas por motivos de salud. En 1908 estuvo en Méjico y allí se desenvuelve como periodista desde las columnas de El Imparcial. Fue cónsul en Callao y Valparaíso, ciudad en la cual muere el 10 de junio de 1914.
 
El los círculos literarios contemporáneso, Darío Herrera es un escritor prácticamente desconocido. En la introducción al libro de Herrera "Horas lejanas", Rodrigo Miró considera al escritor "la figura más conspicua de la literatura panameña". Aunque fue pionero del  Modernismo en su país, su nombre ha quedado en la sombra por figuras mejor conocidas como José Martí, Julián del Casal, Rubén Darío y José Asunción Silva, todos prrecursores del Modernismo en Hispanoamérica.

La reedición de Hojas lejanas constituye un tardío acto de justicia que permitirá colocar en sitio adecuado, dentro del panorama de las letras continentales, el nombre de Darío Herrera. Horas lejanas es el primer libro de cuentos publicado por un panameño, obra que dio momentánea beligerancia, en las letras hispanoamericanas de la aurora del siglo, al pequeño país del Istmo. Se destacan las virtudes estilísticas de Herrera, su perfecto dominio del idioma, su fina sensibilidad y buen gusto.