Efrén Rebolledo
(1877 - 1929)

Efrén Rebolledo nació en la ciudad de Actopan en el año de 1877, cursó estudios elementales en su lugar de origen, siendo alumno del maestro David Noble. De origen humuilde, obtuvo una beca para estudiar en el Instituto Científico y Literario de Pachuca. 
Optó por la carrera de leyens y mientras era estudiante de la Escuela Nacional de Jurisprudencia en 1899 se dio a conocer como poeta.
 
En una velada pronunció una oda que llamó la atención de la crítica literaria por su manufactura. Don Bernardo Reyes, ministro del Gabinete de Porfirio Díaz lo inició en la carrera diplomática, cargo que ocupó hasta su muerte. Desempeñó los cargos de secretario de las legaciones en Guatemala y Japón, consejero de las representaciones en Cuba y Chile y encargao de negocios en Noruega. Su trabajo en el Servicio Exterior determinó que gran parte de sus libros fueran publicados en el extranjero. Ocupó puestos diplomáticos en Francia, países bajos y España. 

 

Lo anterior, sin embargo, no le restó presencia local, como lo demuestran sus constantes colaboraciones en la "Revista Moderna" durante su estancia en Guatemala donde editó su primer libro de poemas: Cuarzos (1902), Más allá de las nubes (1903) y dos años después Hilo Corales(1904), que aparecieron editadas en París con el título Joyeles (1907). Su permanencia de ocho años en Japón y China lo estimuló a cultivar el orientalismo en varios de sus versos y prosas. En Tokio publicó Rimas Japonesas (1907), el libro de prosas Nikko (1910), la novela Hojas de Bambú(1910).A su regreso a México, fue cofundador de las revistas "Nosotros" y "Pegaso", ésta última en compañía de Ramón López Velarde y Enrique González Martíneza donde expuso el movimiento literario de aquella época. A su regreso a México, publica en prosa El Desencanto de Dulcinea (1916), y el Libro de loco Amor (1918) considerado lo mejor de su lirica y la obra de teatro Aguila que cae sobre Cuauhtémoc.  En Noruega, 1922 escribió la novela Saga de Sigrida la Blonda, también publicó una compilación de su obra poética: El Joyelero, en la novela El enemigo. Desligado de una directa penetración en la literatura. Ocupó el cargo de jefe de Protocolo de la Secretaría de Relaciones Exteriores, fue diputado federal por Hidalgo en dos ocaciones e impartió clases en la Escuela Nacional Preparatoria. Al morir fungía como consejero de la Legación en España. Muchos han considerado como su obra cumbre el libro de doce sonetos Caro Victrix (1918) y la novelaSalamandra (1919): "Caprichos" decía él.

 

Rebolledo ha sido reconocido merecidamente más como poeta que como prosista. Su preocupación por la perfección formal y, en particular, la desinhibición erótica en su poesía lo hacen destacar entre sus contemporáneos. Basta recordar los doce sonetos Caro Victrix (1916), a los que Xavier Villaurrutia calificó en su tiempo como los "más intensos" y [...] mejores poemas de amor sexual de la poesía mexicana."

 

Su obra poética concebida puramente erótica, podría compararse con una parte con la muy admirada del Argentino Lugones. Un paralelo entre los doce sonetos de Caro Victrix, sería fecundo en dos perspectivas críticas para la definición espiritual de Efrén Rebolledo. Como Lugones, ama, entre las formas de expresión, el soneto, por su dureza de mármol con que ese material reviste la desnudez de su tema y, también como en el caso de Lugones, en el soneto realiza sus mejores aciertos. En algunos La imploración a Jidé, por ejemplo, suena una voz que recuerda a la de Ricardo Arenales.

 

La calidad de la prosa de Rebolledo se puede apreciar en traducciones -de Oscar Wilde, Maurice Maeterlinck y Rudyard Kipling-, en sus novelas cortas - El enemigoNikkoSalamandra, entre otras- y relatos cortos reunidos en El desencanto de Dulcinea. Su trabajo narrativo se suma a lo iniciado por Gutiérrez Nájera en la llamada escritura artística, en el caso específico de Rebolledo, probablemente tiene su culminación en Salamandra: "la novela más art nouveau del nuestro modernismo, según José Emilio Pacheco, y la primera en que surge la capital postporfiriana.' Siempre inmerso en el imaginario modernista poblado por mujeres fatales, artistas decadentes, atmósferas impregnadas de lujo y exotismo, evocaciones mitológicas e impresiones onïricas, Rebolledo supo hacers "dueño de una prosa cargada de colores laboriosamente combinados."