Juan Ramón Molina
(1875 - 1908)

Nacido en Comayagüela, Honduras, es el primer poeta hondureño que salió de Centroamérica para embeberse en las corrientes culturales de otras latitudes. Es uno de los grandes exponentes del Modernismo en Centroamérica y su obra de gran calidad literaria lo consagra como el escritor hondureño más universal. 

Sus padres fueron personas pobres; un comerciante en ganado de nombre Federico Molina y doña Juana Núñez, campesina originaria de Aguanqueterique, Departamento de La Paz.

Sus primeros años transcurren sin preocupaciones y en actividades propias de un chico inteligente, vigoroso y lleno de grandes inquietudes que traduce en travesuras y juegos de valor y destreza; en montar a caballo –incluso mirando hacia la grupa-, pescar y nadar en los ríos cercanos y hacer sus primeros versos criticando a sus maestros.
Debido a su carácter y espíritu independiente sus padres deciden matricularlo en la escuela de un señor White (blanco) que Molina convierte en sus escritos en el terrible Mr. Black (negro), personaje que describe como salido de una novela de Dickens, y digno representante del dogmatismo y escolástica imperantes de esa época… Después de grandes vicisitudes logra –sin pena ni gloria- terminar la primaria.

En 1892 viaja a Guatemala y después a Quetzaltenango. En dicha ciudad ingresa en el Instituto Normal para Varones de Occidente (INVO).

Todos sus biógrafos coinciden en afirmar que Quetzaltenango fue la patria intelectual de Molina. Durante estos años recibió el apoyo de directores y profesores, como Flavio Guillén y José Antonio Aparicio, sirviendo clases y viviendo en su compañía. Inicia también su carrera como periodista, escribiendo, no solo en periódicos estudiantiles, sino colaborando y dirigiendo diarios como el «Bien Público».

Coronados sus estudios de bachiller en 1894, viaja a la capital de Guatemala y en 1896 se consagra ante la opinión pública y literaria de dicha ciudad, al pronunciar un discurso conmemorativo de la muerte de Justo Rufino Barrios y donde publica varios de sus poemas escritos en Quetzaltenango, como el Águila y la Calavera del Loco.

Regresa a Honduras a finales de 1897 y el Presidente Policarpo Bonilla lo nombra Subsecretario de Fomento y Obras Públicas, pero unos meses después renuncia a dicho cargo, porque habiendo fundado el semanario «El Cronista» considera que su posición burocrática limita su libertad como periodista. Posteriormente trabaja como Director del Diario de Honduras.

En 1892, en un viaje a Brasil, -en cuyo trayecto escribe “Salutación a los Poetas Brasileños”, conoce al poeta nicaragüense Rubén Darío, quien incidirá grandemente en su estilo. Visitó España, donde colaboró en el recién fundado «ABC» de Madrid, y varios países de Sudamérica, dejando huellas permanentes en su obra. Castelar alabó su canto "El Águila" y Rubén Darío su "Salutación a los Poemas Brasileños".

Admiró a William Shakespeare y dedicó varios sonetos “El rey Lear”, “Ofelia”, “Yago”, etc. a la obra en inglés. Recibió la influencia de Rubén Darío, a quien conoció en su persona y en su obra. La influencia del nicaragüense se dejó sentir por ejemplo en “Tréboles de Navidad”, similar a la "Rosa Niña" de Darío, o en "El poema del Optimista", posiblemente el poema que, aisladamente, más haya influido en toda la literatura contemporánea en habla castellana.

Fue Juan Ramón Molina poeta de primerísima categoría y aunque cultivó la prosa en la que logró bellas y armoniosas realizaciones, como su cuento "El Chele", éstas no pueden darse un puesto en la literatura universal como se otorga a su obra poética que está dentro del modernismo más puro y une la calidad poética y lo depurado de la forma con una finísima sensibilidad de que es muestra su soneto “Pesca de Sirenas”.

Fue Juan Ramón Molina hombre activo, personal y políticamente, quemó su vida en el afán de vivirla intensamente. Fue colaborador de la candidatura del General Terencio Sierra de quien se consideraba amigo. Presidente de Honduras durante el período 1899-1903, Sierra, molesto por una publicación que hizo Molina en el «Diario de Honduras», bajo su dirección, lo mandó a picar piedra, encadenado, en la carretera que se construía al sur del país. El artículo que tanto lo había molestado "Un hacha que afilar", era un conocido apólogo de Benjamín Franklin, que los acólitos de Sierra consideraron alusivo, hostil y digno de ser castigado con la prisión del poeta.

Planfetista y periodista, coronel, político, diplomático, hombre que alcanzó altos cargos públicos y que hubo de seguir la ruta del exilio donde murió».1 A pesar de esta vida activa no pudo rehuir el pesimismo y el hastío tan común a los poetas hondureños y que él, como su más elevado representante tuvo en grado sumo por "La fatiga que le producía el peso ABRUMADOR DE LO INFINITO", que muestra en el sentido macabro de sus versos "Después que muera" o en el pesimismo vital de su soneto "Madre Melancolía". Falleció en San Salvador El Salvador el 2 de noviembre de 1908.

Como prosista y periodista dejó también una obra admirable, mucha de la cual fue publicada en Guatemala en 1948, y en la que figuran interesantes apreciaciones de Molina sobre algunos de sus más destacados compatriotas. Dice, por ejemplo, de José Cecilio del Valle que era un “varón sabio e integérrimo, capaz de hablar un día seguido con Newton o Descartes”; de Morazán, que “tuvo la dicha de vivir como héroe y de morir como mártir, y a quien Bolívar le hubiese prestado su espada y el llanero Páez su bridón de batalla”. Cabañas, apunta “que nunca supo lo que significaba la voz miedo”, del Padre Reyes, que era “músico, poeta y erudito”; de Álvaro Contreras, “orador brillante, periodista rebelde y terrible”; de Ramón Rosa, “hombre de Estado, orador y escritor notable”; en fin, de Froylán Turcios -gran amigo suyo y compilador de sus escritos- indica que su frente denunciaba un “alero propicio para todas las aves del pensamiento”.

El 13 de enero del 2009, Rodolfo Pastor Fasquelle, Secretario de Estado en los Despachos de Cultura, Artes y Deportes renombró la Biblioteca Nacional de Honduras con el nombre de Juan Ramón Molina.

Entre sus obrar se conocen: Una muerta, poema elegíaco, 1905; Añoranzas, artículos, 1906; Tierras, mares y cielos, libro que en distintas ediciones y reimpresiones recoge gran parte de los cuentos, artículos y poemas escritos por él y publicados inicialmente en periódicos y revistas del istmo.

Relatos
De tierras, mares y cielos
Copo de espuma
Luciérnagas
Incógnita
Profética
Cántico del amor y del dolor
Lloviendo
Mística
El himno de Oriente
Dialogando con el agua
Sol de octubre
Sonata de año nuevo
Connubio de víboras
Genus homo
El grillo de la muerte
El niño ciego
Fantoches y marionetas
La intrusa
La niña de la patata
Muerte de Dionisio
Un entierro
La siguanaba
Humo
Natura
Las olas
La rosa
La renuncia del escribiente
El chele
El sultán rojo

Ensayos - Artículos - Crónicas
De tierras, mares y cielos
Prefacion a la novela Annabel Lee de Froylán Turcios
Excelsior
Nuestra emancipación
Viendo el Río Acelhuate
En el Golfo de Fonseca
La tristeza del libro
La gira de Julio Flórez
A orillas del Lempa
El dolor de pensar
Desarrollo de la prensa centroamericana
El beso
El progreso de la ciencia
Mencos
Carlos Serpas
La recompensa de Tolstoi
Jeremías Cisneros
El Polo Norte
Por qué se mató Domínguez
En honor de Dr. Adolfo Zúñiga
Juan Coronel
El estilo
Palabras
El grillo
Ramón Verea
Los congresos hispano-americanos
Palique
El Nuevo Mundo
Honduras literaria
Cartas
Mr. Black
A propósito de una elección académica
Morazán y Barrios
El tiempo viejo
Andree
Nietzsche