Luis Rodríguez Émbil
"Julio Abril" o "Julián Sorel"
 (1879 - 1954)

Se educó en Estados Unidos, hacia donde emigraron sus padres en 1895 al estallar la guerra de independencia. Cursó estudios en el colegio privado «Hempstead Institute», de Long Island, y después en los Hermanos Maristas de Nueva York. En 1901 regresó a Cuba.  Ese mismo año ingresó en el Cuerpo Consular.
 
En 1903 ingresó en el cuerpo consular. Ocupó el cargo de canciller en el Consulado de Génova. Trabajó en el consulado de Madrid (1908), de Viena (1910), de París (1917), de Rotterdam (1920), de Hamburgo (1921-1934).  Además, fue enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en Montevideo (1934). Representó a Cuba como delegado en el Congreso de Geografía de Varsovia (1934), en la Sexta Conferencia Panamericana de Lima (1938) y en las Comisiones Nacionales de Cooperación Intelectual (Santiago de Chile).

Fue colaborador de «El Fígaro», «Cuba y América», «Cuba Contemporánea», «Bohemia». «Carteles». Pronunció conferencias en el Círculo de Amigos de la Cultura Francesa, el Lyceum y otras sociedades. Utilizó los seudónimos Julio Abril y Julián Sorel.  La característica más distintiva de Rodríguez Embil fue su apego a un soberbio estilo, su cosmopolitismo, su estética viajera, asegurada por una vida errante y una carrera diplomática.

En 1903, con su cuento "Almas de aves", obtuvo el primer premio en un certamen celebrado por el diario habanero «El Mundo» en conmemoración del primer aniversario de la constitución de la República. En 1905, con su cuento "Pecado mortal", recibió el primer premio en los Juegos Florales de Salamanca, cuyo jurado estaba presidido por Miguel de Unamuno. Obtuvo además el primer premio en el concurso de «Mundial Magazine», revista dirigida por Rubén Darío, con la narración "Córdoba triste", publicada durante su posterior estancia en París. En 1925 obtuvo premio en el Certamen Literario Interamericano.

Los cuentos antes mencionados pasaron a formar parte del libro La mentira vital. No se sabe si éste fue el título que escogió Rodríguez Embil para reunir sus relatos, pues anteriormente había citado, en una carta que le dirigió a Unamuno de un libro que iba a publicar bajo el título Almas obscuras. No obstante se piensa que se trata de otro libro desaparecido, pues en tal carta, en que le pide su opinión a Unamuno, expresa que el libro Almas obscuras es de narraciones, tiene su mérito, es corto y por lo demás piensa que es bueno: "Estas almas obscuras son almas de bestias, las cuales, naturalmente, ignoro, como ignoramos todos, si tendrán alma; pero para el caso no creo que sea de gran importancia el averiguarlo: yo quiero decir al decir 'alma' , lo desconocido, nada más".

Su novela La insurrección, editata en 1910, pudiera ser estimada como el poema tierno de la gesta de la gesta libertadora, Por sus páginas bañadas de sol cubano, embalsamadas con el aroma de los campos y saturada del alma criolla, fluye cuanto de noble, grande y soñador tuvo el movimiento que organizó Martí. Justificando el autor esta novela que conservó mucho tiempo en manuscrita, afirma que la formación, el desarrollo de la conciencia cubana constituye la tarea más importante y de más alto patriotismo en que puede empeñarse un autor cubano. No es ésta una novela histórica en el más estricto sentido, porque en ella se desarrollan hechos acaecidos; pero sus personajes tienen perfiles reales de un momento histórico, y no falta uno que otro como Antonio Maceo, que brota de la misma realidad. Hay un tema de amor que es un idilio tierno, con la melancolía que solo es dable a la aristocracia de las almas; y tiene este bello idilio el encanto de los ensueños pasionales, el delicado madrigal de las ilusiones en flor; pero tienen también la horrible tragedia del amor que se extingue antes del beso o e canario que muere antes del trino. Y no falta un esbozo piscológico, en el tipo de un isleño torpe y apasionado, que vive un terrible drama interior, con el corazón desgarrado por la impotencia de unas ansias con alma, pero sin cuerpo que las lleve.

Con su biografía José Martí, el santo de América obtuvo el primer premio en el concurso internacional convocado por el gobierno cubano en 1938. Perteneció a la Academia Nacional de Artes y Letras y a otras instituciones culturales. Asumió la vicepresidencia de la Sociedad Iberoamericana de Hamburgo y la de la Asociación Internacional de Prensa. Fue fundador y miembro de honor de la Asociación de Escritores y Artistas Americanos (filial de Uruguay).

La experiencia de Rodríguez Embil en la Europa anterior y posterior a la Primera Guerra Mundial, quedó reflejada en dos volúmenes: De paso por la vida (1913), donde recreaba la ansiedad de las sociedades española, austriaca y francesa, antes del estallido del 1914, y El imperio mudo (1928), una extraordinaria crónica sobre el ocaso del imperio austro-húngaro durante la Gran Guerra.

Novelas

La insurrección

Lo más triste [desaparecida]


Relatos

Gil Luna, artista y otras narraciones

Gil Luna, artista

El velo de la diosa (aventura vulgar)

La víctima

Multa pax in cella

Teresa

Visión importunda (cuento de invierno)

Evocación

Breve comedia de verano

Dos entierros

Un rebelde

Dos amigos

Fantasía invernal

Un cerdo

Fin de novela

 

La mentira vital

La escapada

Alma de aves

Pecado mortal

Córdoba triste

Asunto de poema

Idilio del Mediodía

Romanticismo

Por qué se suicidó Juan Enríquez

Fantasías psicológicas

Del gran incendio

Epílogo (Apólogo de las hormigas)


Almas obscuras [desaparecido]


Ensayos - Artículos - Crónicas

José Martí, el santo de América

El señor de Segismundo. Ensayo de síntesis trascendente

De paso por la vida

El imperio mudo