Manuel Díaz Rodríguez
(1871 - 1927)

Manuel Díaz Rodríguez nació en una hacienda cercana a Chacao, Municipio del Estado Miranda el 28 de febrero de 1871. Era hijo de Juan Díaz Chávez y Dolores Rodríguez, ambos progenitores procedentes de las Islas Canarias. La instrucción primaria la cursó el joven Díaz Rodríguez en su casa. Después entró en el Colegio Sucre, entonces bajo la dirección del doctor Jesús María Sifontes. En 1886 se graduó de bachiller. Posteriormente ingresó en la Universidad Central, donde se graduó de médico en 1891. 

En la Universidad Central, Díaz Rodriguez conoció al doctor Adolfo Ernst, uno de los renovadores del pensamiento científico venezolano.  Una vez graduado de médico, Díaz Rodríguez quiso completar sus estudios en Europa y así viajó por Francia, Italia, el Oriente, etc. En 1894 el médico regresó a su patria. Pero en 1895 volvió a Francia. En París publicó entonces su primer libro: Sensaciones de Viajes, editado por Garnier. El año siguiente regresó a Caracas, donde fija su residencia hasta 1899, año en que contrae matrimonio con una hija del escritor Eduardo Calcaño: Graciela. Ese mismo año el escritor emprende de nuevo viaje a París. Allí permanece hasta 1901. Para entonces es autor de Confidencias de Psiquis (1897), De Mis Romerías (1898), Cuentos de Color (1899), Idolos Rotos (1901). La profesión de médico había sido opacada por su gran vocación de escritor. 

En 1902 murió el padre de Díaz Rodríguez y entonces el escritor tuvo que trasladarse a la hacienda patema, a instancias de su madre, para hacerse cargo de la dirección de aquel patrimonio. Siete años pasa de esta manera en el campo. En 1909, a la caída del régimen político de Cipriano Castro, el escritor sale de su retiro rural. Se pone al frente de la dirección de un periódico: «El Progresista». Allí hace sus primeras armas de político junto con otros renombrados escritores, como Rufino Blanco Fombona, Pedro Manuel Arcaya, César Zumeta, etc, de los cuales se separó bien pronto. 

En 1909 entra Díaz Rodríguez a servir en los destinos públicos; es nombrado vicerrector de la Universidad Central de Venezuela. Al año siguiente es designado representante de Venezuela en la Conferencia Panamericana que se llevó a cabo en Buenos Aires. En 1911 fue investido con el cargo de Director de Educación Superior y de Bellas Artes en el Ministerio de Instrucción Pública. Tres años después fue elevado a Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela. En 1915 fue elegido Senador por el Estado Bolívar. En 1916, Ministro de Fomento. Dos años más tarde vuelve a los estrados del Congreso como representante del Estado Bolívar. En 1919 es nombrado Ministro Plenipotenciario en Italia. En este último destino Díaz Rodríguez permaneció tres años. De regreso a Venezuela, en 1925 es nombrado Presidente del Estado Nueva Esparta, y al año siguiente pasa a desempeñar la Presidencia del Estado Sucre. 

Minado por una terrible enfermedad en la garganta, Díaz Rodríguez buscó los recursos de la ciencia en Nueva York por el año de 1927. Pero a los tres meses de haber llegado allí, falleció el día 24 de agosto. 

La primera obra literaria de Manuel Díaz Rodríguez es Sensaciones de Viajes (1896). Para entonces, Díaz Rodríguez no es más que un joven médico, desconocido en los medios de la literatura patria. Por el estilo, el buen gusto demostrado por el escritor, su cultura, bien pronto le van a ganar crédito para su brillante porvenir. Hasta los académicos estuvieron de acuerdo en que Díaz Rodríguez entraba con paso firme a la literatura venezolana y premiaron su obra primigenia. Sensaciones de Viajes es un libro lleno de bellezas, inspirado en el pasado artístico de Italia, en sus paisajes, en sus gentes, que el autor supo querer y admirar durante toda su vida. Esta primera obra de Díaz Rodríguez, de impresiones de viaje, que era una obligación de los escritores del 900, se complementa con De Mis Romerías publicada dos años después de haber aparecido Sensaciones de Viajes. Cronológicamente, la segunda producción literaria de Díaz Rodríguez es su libro Confidencias de Psiquis (1897). Este libro se compone de cuadros, con ciertas características que se acercan a las de la novela. En él la constante es la del amor. Pero amor sensual. 

Confidencias de Psiquis sigue la publicación de Cuentos de Color (1899). La ola del modernismo se impone hasta en la misma denominación de los cuentos. Pero, sin duda, estos cuentos preparan el camino al escritor hacia la novela. En ellos hay buenas incursiones psicológicas a través de esbozos de personajes, y se pone de relieve, una vez más, el delicado estilo del escritor. Nueve son los cuentos que componen el volumen. Entre ellos sobresalen "El Cuento Blanco" y "El Cuento Gris". En Cuento Blanco asoma de nuevo la nostalgia italiana. El recuerdo del Mediterráneo inspira esa bella historia, matizada de suaves tonalidades, impregnada de una delicadeza y una candidez infantiles.
 
En 1901 aparece la primera novela de Díaz Rodríguez: Idolos Rotos. La escribe durante los últimos años vividos en París. Variados y airados comentarios provocó la novela de Díaz Rodríguez en los círculos literarios venezolanos. La novela en sí no es más que el contraste que ofrece al artista, a sus anhelos de superación y refinamiento, un medio inculto como el nuestro. Alberto Soria, el protagonista, es un escultor lleno de pesimismo con respecto a nuestro porvenir. Este pesimismo lo lleva a detestar su patria. Por eso exclama: «Y yo nunca realizaré mi ideal en este país. Nunca podrá vivir mi ideal en mi patria. ¡Mi patria! ¡Mi país! ¿Acaso éste es mi país?». En la novela también aparece el bosquejo de un adulterio entre Alberto y Teresa Farías, y finaliza con una tremenda sátira, tanto de cáracter político como social, contra la Caracas de la época. Mucho se parece Idolos Rotos a Todo un Pueblo, novela del escritor Miguel Eduardo Pardo, donde se arroja hiel sobre la sociedad caraqueña coetánea. En realidad, la novela de Díaz Rodríguez, que como novela en sí no tiene mucho valor, puesto que su trama es verdaderamente indeleble, se propuso divulgar el arte de moda. En ella Díaz Podríguez pone de manifiesto su aristocracia artística, aprendida en cierto modo de los grandes maestros del decadentismo europeo, como un D'Annunzio, un Barrés, los Goncourt. Los personajes de esta novela de Díaz Rodríguez están alimentados por un afán cosmopolita muy pronunciado, en los que los problemas de su país se resuelven con el olvido y con el viaje a Europa. Finis Patrie es como el epílogo del vencido Alberto Soria en Idolos Rotos.  Por todo esto, Idolos Rotos ha sido considerada en la novelística venezolana como una de las importantes novelas pesimistas de principios de siglo. Y a ello se debe que críticas como Gonzalo Picón Febres, Julio Planchart y Mariano Picón Salas le hayan impugnado en cierta forma, exigiendo al novelista más calor nacional, mayor entereza en sus personajes para enfrentarse a nuestras situaciones políticas y sociales, tenidas como obstáculos en Idolos Rotos, ante los ideales de Alberto Soria. 

En 1902 Díaz Rodríguez publica su segunda novela: Sangre Patricia. Para el crítico chileno Arturo Torres Rioseco, esta novela «es un estudio de psicopatología». En ella, sin duda, se refleja el rico mundo del continente suramericano en la literatura, el cual para el momento de la aparición de la novela no había sido explorado en forma alguna. En Sangre Patricia, el color verde es como símbolo de la locura. Tulio Arcos, el protagonista, después de la muerte de Belén, su amada, que tenía los ojos verdes, cree ver en todo, o en el mar que se tragó el cuerpo o los ojos verdes que constituyen como la obsesión de toda su vida. Raro sueño de artista es la figura deslumbrante de Bélen: «Aquella novia que mostraba en su belleza algo del color, un poco de sal y mucho del misterio de los mares. Bien se podía ver en su abundante y ensortijada cabellera la obra de muchas Nereidas artistas que tejiendo y trenzando un alga, reluciente como las sedas y reluciente como la endrina, encantaron el ocio de las bahías y las grutas; al milagro de su carne parecían haber asistido el alma de la espuma y el alma de la perla abrazadas hasta fundirse en la sangre de los más pálidos corales rosas; y sus ojos verdes eran como minúsculos remansos limpísimos, cuajados de sueños, en una costa virgen toda llena de camelias blancas». Como toda la obra de Díaz Rodríguez, hay que destacar el valor artístico de esta novela. En ella el novelista acude a símbolos estéticos y psicológicos que le colocan entre los precursores de una novelística de verdadero ámbito universal en América. 

Después de Sangre Patricia, Díaz Rodríguez, entregado de lleno a la política, guarda un receso de casi ocho años, durante el cual no publica nada de importancia literaria. En 1910 publica un libro de ensayos, intitulado Camino de Perfección. En él Díaz Rodríguez pasa de creador en el arte a teórico del arte. En Camino de Perfección está expuesto con claridad e impecable estilo el credo estético del gran artista que era Díaz Rodríguez. En cuanto a ciertas líneas de carácter social, Camino de Perfección está dentro de la misma línea de Ariel, de José Enrique Rodó. En 1918 apareció el libro Sermones Líricos. Está compuesto por discursos, apostillas y notas. 

Después de su libro Cuentos de Color, Díaz Rodríguez publicó otros cuentos, como "Egloga de Verano", "Las Ovejas y Las Rosas del Padre Serafín" y "Música Bárbara".  Este último levantó una verdadera polvareda en el concurso promovido por «El Cojo Ilustrado» en 1904, en el que por circunstancias de carácter moral obtuvo el primer premio el escritor Alejandro Fernández García con su cuento a Bandera con mucho inferior al del gran estilista.
 
La última obra publicada por Díaz Rodríguez fue su novela Peregrina o el Pozo Encantado la cual apareció en 1922. En el subtítulo el escritor explica que se trata de una novela de rústicos del valle de Caracas. La trama de la novela es por demás sencilla y elemental, Dos hermanos, Bruno y Amaro, están enamorados de una misma muchacha, Peregrina. Bruno es un tipo alegre, nervioso; Amaro, no es correspondido por Peregrina. Pero Bruno, en busca de otras aventuras amorosas, se va alejando paulatinamente de Peregrina. Esta descubre que ha quedado embarazada de Bruno y muchos amigos intervienen para que el joven vuelva hacia ella y se case. Sin embargo, todo resulta inútil. Amaro es de los que ruega con mayor vehemencia a su hermano que no destruya el honor de Peregrina, y ante la contestación negativa de Bruno, está a punto de matarlo. En medio de todos estos contratiempos, Peregrina trata de suicidarse, lanzándose a las turbulentas aguas de una creciente. Amaro la salva. Bruno vuelve a su lado. Pero la muchacha muere. De El Pozo Encantado saldrán armonías que sólo pueden oír las almas enamoradas. En Peregrina, Díaz Rodríguez se emparenta con Romero García, por una parte, y con Luis Manuel Urbaneja Achelpohl, por otra. En esta novela, abandona su afán puramente estético y se compenetra con su tierra, con el paisaje, con los hombres del campo. Aun cuando la trama de Peregrina es por demás corriente y el autor demuestra poca técnica en la creación de personajes rudos, la novela ha pasado como la mejor de Díaz Rodríguez, en nuestra historia literaria, por el estilo y por la descripción de la naturaleza, la cual alcanza plenitud y belleza en la cincelada prosa del artista. En Peregrina canta, una vez más, la naturaleza a la que Díaz Rodríguez rendía tanto culto. El Avila, sereno y sin nubes, señorea en el paisaje. En la frescura del valle florecen los cafetales y los araguaneyes diademados de oro. La lluvia entona su fina canción en los atardeceres; en los barbechos, la semilla se hincha de esperanza; en el azul de la montaña se proyectan la alegría y la riqueza de la región. Peregrina es realmente como un poema a esa naturaleza soberbia, hermosa que rodea al valle de Caracas. 

Con Valle Inclán y con Rodó ha sido comparado Díaz Rodríguez, por su prosa llena de belleza, por la elegancia de su estilo, por la precisión de sus conceptos. Efectivamente, Díaz Rodríguez es quizá el más alto prosista de los últimos cincuenta años de la literatura venezolana. Después de su muerte, fue publicado un ameno libro suyo bajo el titulo de Entre las Colinas en Flor.

Novelas

Confidencias de Psiquis

Idolos rotos

Sangre patricia

Peregrina o El pozo encantado


Relatos

Cuentos de color

Cuento azul

Cuento rojo

Cuento blanco

Azul pálido

Cuento gris

Rojo pálido

Cuento verde

Cuento negro

Cuento áureo

 

Otros cuentos y narraciones

Las ovejas y las rosas del padre Serafín

Tic

Música bárbara

Egloga de verano

 

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