Pedro César Dominici
(1872 - 1954)

Fue uno de los íntimos compañeros de Pedro Emilio Coll y abanderado del movimiento modernista en Venezuela, en su primera etapa. A juzgar por las mutuas confesiones de los jóvenes fundadores de «Cosmópolis», publicadas en los «Charloteos» de la redacción de la revista. Domínici aparece en los momentos iniciales de su carrera literaria como imbuído de cierto pesimismo que le hace exclamar: «iPertenecemos a una región estéril, según el vaticinio del profeta moderno! Sin embargo, lucharé con vosotros, pero eso sí, me convertiré en un joven pálido, de frente sudorosa, viviré entre las sombras, esperando siempre la agonía de nuestro hijo enfermo, pensando en las flores mustias que colocaré sobre su cuerpo cuando lo arrojemos desde las rocas del Taigete, esa hecatombe de los niños débiles» (Domínici, Pedro: Publicado en «Cosmópolis» N 1. 1894). 

Realmente Domínici estuvo poco tiempo al frente de la optimista empresa de «Cosmópolis». La diplomacia conquistó los mejores años de su juventud y de su madurez. En Europa pudo seguir de cerca el desarrollo de las ideas estéticas y filosóficas de los últimos años del siglo XIX y primeros del presente siglo. Después sin volver a residenciarse por considerable tiempo en Venezuela, vivió en distintos países del continente, especialmente en la Argentina, donde falleció a avanzada edad. En un artículo publicado por Pedro Emilio Coll en «El Cojo Ilustrado» de fecha 15 de septiembre de 1895 sobre Dominici, aparecen las fuentes de formación del escritor. En la biblioteca del joven modernista los clásicos antiguos y modernos: Shakespeare, Goethe, Dante, ocupan un sitial preferente en la nutrida
biblioteca de Dominici. Tambien se almeaban sin reserva, los romanticos Lamartine, Dumás, Hugo y Vigny. El propio Pedro Coll confiesa: «El me inició en esa lectura acariciadora y armoniosa como un manantial de los grandes bosques». 

Fue desde los comienzos, un modemista de la «torre de marfil» Admirador de D'Annunzio, escribe en sus años juveniles una novelita romántica intitulada El triunfo del ideal, vaporosa, inconsistente, en la que sólo sobresale el estilo ampuloso y cantarino de su exotismo literario. 

Después escribe otra novela Dionysos. Es una reminiscencia de la Afrodita de Pierre Louys. En esta novela insiste Domínici en crear una narrativa que tuviera por «base la poesía, como núcleo esencial de la belleza. Es una novela de evasión. El autor ignora la realidad venezolana y sitúa su ficción en una lejanía inaprehensible, sólo revelable para «las almas elevadas». 

En sus narraciones, Domínici acompaña sus ideales incursiones de una prosa muy preciosista, recargada de oropeles. En sus años de madurez cultivó el teatro y la crítica con cierta insistencia. En este último género dejó indudablemente su mensaje venezolano. Su libro Tronos vacantes, publicado en 1924, es una hermosa revisión, con aliento personal, de las más importantes figuras de las letras hispanoamericanas de su tiempo, entre las que se destacan muchos nombres de venezolanos: Pérez Bonalde, Cecilio Acosta. La obra de Pedro César Domínici al morir, es extensa.
 
En orden cronológico se compone de los siguientes títulos: Ideas e Impresiones (París, 1897), La tristeza voluptuosa (Novela, Caracas, 1899), El triunfo del ideal (Novela, París, 1901). Una sátrapra (Novela, Caracas 1901), Libro apolíneo (Crónicas y Ensayos, Caracas, 1909), Dionysos (Novela, París, 1912), Tronos vacantes (Críticas, Buenos Aires, 1914), El cóndor (Novela, Buenos Aires, 1925), Bajo el sol del otoño (Buenos Aires, 1947). 

Alejado en los años de madurez del escenario de la literatura venezolana, Pedro César Domínici ha permanecido casi ignorado para el conocimiento de las nuevas generaciones literarias venezolanas, pero es lo cierto que fuera de sus primeras salidas en favor del movimiento modernista entre nosotros y alguna que otra correspondencia del exterior para sus compañeros de empresa literaria, la obra de Domínici carece de arraigo en la dura tierra de nuestras disputas y pasiones, de nuestras alegrías y dolores. En aras del tan cacareado exotismo de los modernistas, consume lejos de Venezuela, sus ideales y su afán preciosista. 
 
Como novelista, es considerado como uno de los autores que introducen en Venezuela la novela modernista artística y cosmopolita. Como crítico y ensayista, es menos conocido, no obstante posee una extensa labor en esa área a través de los diversos libros y artículos publicados. Murió en Buenos Aires en Agosto de 1954

Novelas

La tristeza voluptuosa

El triunfo del ideal

Una sátrapa

Dyonysos

El cóndor

Evocación

 

Artículos - Ensayos - Crónicas

Ideas e impresiones

Libro apolíneo

Tronos vacantes

De Lutecia

Bajo el sol de otoño

El mono trágico