Luis Manuel Urbaneja Achelpohl
(1873-1937)

Nace en Caracas, el 25 de febrero de 1873, y muere en El Valle, parroquia foránea de Caracas, el 5 de septiembre de 1937. La vida de Urbaneja Achelpohl transcurre en medio de la más tranquila campechanía. 


Cuando sus amigos y compañeros de generación escalaban los más altos sitiales de la política criolla, él estaba en puestos de ninguna importancia, para mal vivir, o no figuraba al frente de cargo alguno. Casi vivió toda su vida como en un retiro virgiliano. Lejos de los círculos literarios y políticos, donde, según sus propias palabras, no privaban «hipocresías y envidias». se mantuvo siempre Urbaneja. 

Por esto tenía una vaquería donde se identificaba con la naturaleza. El vivió el criollismo con toda intensidad. En sus últimos años vivía en la «Calle Atrás» de El Valle. Fue periodista desde la fundación de «Cosmópolis», la revista del modernismo venezolano. Colaboró con frecuencia en «El Cojo Ilustrado». José Rafael Pocaterra, en un homenaje póstumo al escritor, asienta: «Hombre de lucha lo fue también, para que lo sepan quienes lo ignoran o quienes ayudan a ignorarlo. Hay siempre el bando de macacos que se hace la ilusión de que ellos dan el pase a la celebridad, colgados por el rabo en las ramas de los periódicos. En guerras anduvo, como Cervantes, pobre y oscuro, cuando el Don Quijote de los Lirios arreó sus huestes por el campo de Montiel; y en prisiones políticas y en escondrijos de conspirador. En la política unitaria nada fue; tuvo esa superioridad sobre todos nosotros, y aún más heroica y digna sobre sus contemporáneos del 98. Fue el «intelectual olvidado». No en el extranjero. Ni en el corazón de sus hermanos de espíritu. Ni entre las gentes llanas y leales de su intimidad». 

Urbaneja Achelpohl es el creador del criollismo en la literatura venezolana. El concibe sus personajes como su propia vida. Son personajes llenos de un aire rural saludable.Hombres rudos apegados a su paisaje y a su cielo. Sin embargo, no fue Urbaneja, desde un principio, un apasionado criollista. En la época en que hace su aparición en las letras nacionales predominaba en nuestro medio la influencia literaria francesa. Es el momento en que la máxima preocupación de los jóvenes escritores hispanoamericanos es visitar a París. Ver París y morir es la felicidad completa de un artista hispanoamericano. Urbaneja, en cierta forma, tuvo que vibrar al compás del momento. Y según palabras de Pedro Emilio Coll, su compañero de generación y amigo entrañable, Urbaneja «no escapó a las influencias de entonces y escribió algunas fantasías en prosa del género llamado decadente». 

Después pasa por un período intermedio. Bajo el influjo de Federico Mistral, aprende a gustar la poesía del campo. El paisaje venezolano canta entonces su himno de bellezas, en su prosa pura, espontánea, como nuestros ríos, como nuestros valles, como nuestras montañas. Urbaneja, que siempre había vivído identificado con la naturaleza, se empieza a descubrir él mismo. En su prosa aparecen escenas típicas de nuestros campos: el idilio de los campesinos, la yunta perezosa de bueyes que aran la tierra pródiga, el sol quemante de los mediodías, los polvorientos caminos de las aldeas, perdidas en las inmensas soledades, en los reflejos de los vastos horizontes venezolanos. 

Ante el refinamiento de la literatura, preconizado por muchos de sus contemporáneos, Urbaneja fijó sus ojos en el más crudo realismo. Se espantó de la moda. No transigió con los amaneramientos y se fue por los caminos del campo dispuesto a aprisionar con su lente el paisaje, las costumbres, los tipos criollos, tal como eran: sin empalagosos rebuscamientos. Se diría que Urbaneja en este período iba del brazo de Zola. Sus cuentos Ojo de Vaca, Ovejón y otros caracterizan extraordinariamente este período de la obra del creador del criollismo en la prosa venezolana. 

En la novela venezolana, Urbaneja Achelpohl representa como el nacimiento de la confianza, de la fe, en el porvenir del género. Lejos del pesimismo y del afrancesamiento, que habían predominado en nuestra novelística. se sitúa Urbaneja con sus personajes rudamente venezolanos moviéndose en un paisaje vivo, Realmente fresco y espontáneo. 

Las novelas publicadas por Urbaneja Achelpohl son las siguientes: En Este País , la cual ganó el segundo premio en un concurso realizado en la Argentina en 1910; El Tuerto Miguel (novelin), publicada en 1927, y La Casa de las Cuatro Pencas (1937). Inédita dejó A la Sombra de la Negra Juana, mencionada por Pocaterra, a quien Urbaneja, en los últimos años de su vida, había pedido el prólogo, a cambio de que él prologaría La Casa de los Abila, novela que Pocaterra publicó muy posteriormente. 

Fuera de la obra novelística, Urbaneja Achelpohl realizó una considerable obra cuentística. Pero los cuentos de Urbaneja han quedado dispersos en las mejores revistas de la época que se publicaban en Venezuela. En 1944, la viuda del escritor, doña Lola Pelayo de Urbaneja Achelpohl, empezó a publicar bajo el titulo El Criollismo en Venezuela, esa obra que hasta el momento había permanecido disgregada, consiste en prédicas y cuentos de ambiente venezolanista. 

Realmente, Urbaneja empezó por afinarse en el cuento para llegar a la novela. Sus cuentos, como Los Abuelos, Flor de Mayo. Botón de Algodonero, Flor de las Selvas, etc., representan en miniatura. pudiéramos decir, el mundo de las novelas. Urbaneja quiso seguir, ya con una conciencia bien determinada, el camino que había abierto Romero García, con su novela Peonía. El propio Urbaneja escribió de la novela de Romero: «Ya los jóvenes iniciados contamos con un árbol corpulento, a semejanza de nuestros samanes. a cuya sombra robustece nuestro ideal en las horas de decepción». Por eso sus elementos novelísticos, narrativos, tratan de responder a esa tendencia que el mismo Urbaneja llamó en sus prédicas «americanismo». 

Los cuentos de Urbaneja, así como posteriormente sus novelas, quieren plasmar en prosa castiza y de buen gusto «el lánguido cantar de la Soy-Sola en el taral en flor, la ladera por donde vagan las muchachas campesinas tarareando la última canción, cargada con sus haces de chamizas, donde los negros zumbadores se embriagan en los morados cálices de las parchas silvestres y donde algún ojo juvenil y mal intencionado se extasia mirando detrás de los troncos las chocozuelas bronceadas». 

De todas sus obras narrativas, la que mayor valor literario posee es su novela En Este País. La novela está escrita en buena prosa: sencilla. elegante, algunas veces recargada de giros criollos demasiado localistas. La novela cuenta como trama los amores de un joven campesino: Paulo Guarimba, con la hija del rico dueño de la hacienda donde trabajaba: Josefina Macapo. El muchacho gañan, de posición humilde, criado de la casa, contrasta en sus aspiraciones con la posición de la muchacha hija de un rico hacendado. Pero el idilio se fonnaliza. El amor no reconoce diferencias sociales y los dos se aman con calor. A través del desarrollo de los amores de Paulo y Josefina, el novelista describe en el más criollo lenguaje las costumbres de los campos, de las aldeas; los prejuicios sociales y las vanidades de la vida vernácula. Al final, Paulo, que se hizo general en una de las montoneras o guerras civiles, llega a ser Ministro. Entonces su situación social cambia de repente. Los padres de su novia se muestran complacidos con su matrimonio e infinidad de aduladores le queman incienso. Sin duda, que esta novela de Urbaneja plantea el ascenso de las clases populares y la declinación inmediata de las clases previlegiadas. por obra y gracia de nuestras contiendas internas, como la Guerra Federal , por ejemplo, donde se firmaban ascensos militares en blanco. En ella están de manifiesto muchos de nuestros problemas sociales, espirituales y políticos expuestos con una sabia delicadeza, con gran suspicacia y con una gran dosis de valor estético. 

Frente al esteticismo de los modernistas, frente al preciosismo de nuestra prosa y a la manera de plantear nuestros problemas con los ojos puestos en lo exótico, Urbaneja crea de esa manera lo que pudiéramos llamar la semilla de la genuina novela venezolana.

Novelas

En este país...

El tuerto Miguel

La casa de las cuatro pencas

A la sombra de la negra Juana


Relatos

Tierra del sol

Los abuelos

Flor de mayo

Botón de algodonero

Flor de las selvas