Manuel Ugarte
(1878 - 1951)

Nació en una familia de buena posición económica e hizo sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires.

Su temprana vocación literaria le permitió escribir sus primeros trabajos a los 15 años. Se convirtió en un ávido lector y su familia le pagó la edición de sus primeras poesías. Esto le permitió tomar contacto con los más destacados literatos de la generación del 80.

En 1897 realizó su primer viaje a París para continuar sus estudios. Asistió a cursos de sociología y filosofía, aunque gran parte de su tiempo lo dedicó a las actividades propias de los jóvenes argentinos de familias ricas: la diversión, la vida bohemia y, especialmente, las damas francesas. Vivió de cerca el Caso Dreyfus, sobre el cual escribió, lo que constituyó su acercamiento a los temas políticos.

En 1898 Estados Unidos interviene en Cuba, lo que provocó el repudio de muchos latinoamericanos, entre ellos el de Manuel Ugarte. Fue a raíz de este conflicto que comenzó a manifestar su interés por los temas sociales, en general, y su acercamiento al socialismo, que tenía en Jean Jaurés una de la figuras de mayor prestigio.

Se trasladó a Nueva York y allí percibió con total claridad el impulso expansionista que predominaba en la clase política norteamericana y que tenía a América Latina como principal objetivo de conquista. Al estudiar la historia norteamericana descubrió que los EE.UU. habían ganado territorio a costa de países vecinos y percibió que ese apetito territorial estaba lejos de haber sido saciado. Paradójicamente es en los Estados Unidos donde Manuel Ugarte consolidó las dos columnas de su ideología: por un lado un fuerte antiimperialismo y por el otro, la necesidad de construir la Unidad Latinoamericana.

Al retornar a París abrazó fervientemente la causa del socialismo, al que llegó por su admiración por Jean Jaurés. Este pensamiento lo acercará al sufrimiento de la clase obrera, pero en ningún momento entrará en contradicción con su profundo nacionalismo latinoamericano.

En 1901 aparece su primer libro de relatos, Paisajes parisienses, donde expone su preocupación social, su vida bohemia y los dulces y fugaces amores con las muchachas francesas. Se relaciona con jóvenes latinoamericanos residentes en París, como Rubén Darío, Amado Nervo y Rufino Blanco Fombona. Sus preocupaciones y amistades literarias integran a Ugarte al Movimiento Modernista. En 1901 publica en Buenos Aires su artículo "El peligro yanqui", donde denuncia las intervenciones de los Estados Unidos, anexando territorio mexicano, y alertando sobre la hegemonía cultural y económica, la que, según su punto de vista, jugaba un papel tan letal como la misma invasión armada.

A los veinte días, en el mismo periódico "El País", publica otro artículo, titulado La defensa latina. Allí plantea la unidad de América Latina y la conformación de los Estados Unidos del Sur, lo que se convirtió en el objetivo permanente de su prédica latinoamericanista. Ugarte regresó a la Argentina en agosto de 1903 y se vinculó al Partido Socialista, en particular a José Ingenieros y Alfredo Palacios. Estos jóvenes, junto a Leopoldo Lugones, conformaban un ala dentro del partido que se destacaba por su carácter combativo, lo que contrastaba con el conservadurismo característico de Juan B. Justo y la cúpula directiva que tiñó al partido a lo largo de muchos años.

En 1907, Ugarte participó del Congreso de la Segunda Internacional, esta vez en Stuttgart, que contó con la presencia de Lenin, Rosa Luxemburgo, Jean Jaurés, Karl Kautsky y Jorge Plejánov, entre otros. El Congreso tiene dos importantes temas a tratar: la posición ante una posible guerra mundial y la actitud ante el colonialismo.

En 1909 se desató una crucial polémica dentro del Partido Socialista de la Argentina. La Vanguardia, el órgano partidario lo ataca abiertamente. Es el mismo año de la apareció del libro Teoría y práctica de la Historia de Juan B. Justo donde éste defiende las ideas del librecambio, así como el carácter civilizador del imperialismo. Ugarte concluyó su ensayo El porvenir de la América Española. Vivía en Niza, desde hacía algunos meses, por razones de salud.

Junto a El Porvenir de la América Española planea una gira por todo el continente para la difusión de las propuestas desarrolladas en el libro. El 29 de octubre de 1911 comenzó su recorrido por América Latina con el objetivo de tomar contacto con la realidad y el pueblo que había defendido con la pluma.

A comienzos de 1914 surgió, a instancias de Ugarte, la Asociación Latinoamericana, como consecuencia de las movilizaciones populares contra la intervención norteamericana en México. La nueva institución realizó actos públicos para denunciar la actividad del imperialismo norteamericano en Latinoamérica y para bregar por la Unidad de estos países.

El 24 de noviembre de 1915 Manuel Ugarte comienza a editar el periódico "La Patria", bajo su dirección. Sus objetivos son defender la industria nacional, combatir los monopolios, oponerse al imperialismo y bregar por una reforma cultural. Desde las páginas de "La Patria" comenzó a denunciar al imperialismo británico. Argentina se había constituido en una semicolonia de Inglaterra. "La Patria" comenzó de denunciar las actitudes agresivas de Inglaterra y la función lesiva para nuestro país que desempeñaba el ferrocarril en manos inglesas. Pero el país no podía ver esta realidad. Las elecciones presidenciales en ciernes no daban tiempo para pensar en estos grandes temas, que, además, eran silenciados sistemáticamente por la gran prensa y los partidos políticos. El 15 de febrero de 1916 aparecía el último ejemplar de La Patria.

El 19 de julio de 1922 apareció uno de sus libros más importantes, Mi campaña hispanoamericana, donde aparecieron muchos de los discursos que pronunció en su gira por Latinoamérica. Poco tiempo después aparecía otro libro de gran importancia: La Patria Grande. A fines de 1923 aparece otra de sus obras fundamentales: El destino de un continente, con el relato pormenorizado de su campaña por América Latina. En este trabajo profundizó su análisis sobre el accionar imperial de Inglaterra en el sur del Continente. La aparición de este nuevo libro le significó a Ugarte la pérdida de sus fuentes de trabajo, debido a que diversos periódicos cortaron su colaboración.

En 1935 decidió regresar a Buenos Aires, y ante su bancarrota económica debió tomar una dolorosa decisión: vender su biblioteca. A poco de llegar restableció relaciones con Alfredo Palacios quién lo invitó a reingresar al Partido Socialista. Otros dirigentes insistieron en el ofrecimiento y, luego de pensarlo, aceptó reincorporarse al partido. Pero este nuevo intento duraría muy poco. Al año siguiente fue expulsado luego de haber descargado una serie de críticas contra la conducción partidaria y las tradicionales ideas del partido. La Argentina estaba en plena Década Infame. Los suicidios de sus viejos amigos Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Lisandro de la Torre y de su gran amiga Alfonsina Storni sacudieron su espíritu. Abandonó nuevamente Buenos Aires, esta vez para instalarse en Viña del Mar, Chile, y desde allí colaboró con varios diarios de ese país, aunque sólo con artículos literarios.

Luego del triunfo electoral del peronismo el 24 de febrero de 1946 decidió el regreso a su patria. El 31 de mayo Ernesto Palacio lo acompañó a la Casa Rosada para presentarlo ante el presidente. Tanto Perón como Ugarte simpatizaron instantánea y recíprocamente. En septiembre de 1946 fue designado Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en la República de México. Por primera vez en la Argentina obtenía un reconocimiento oficial a su capacidad y su lucha. México era el país al que había defendido reiteradamente contra las agresiones norteamericanas y donde tenía tantos amigos y discípulos. Manuel Ugarte tenía entonces 71 años. En agosto de 1948, luego de algunas diferencias con el staff de la embajada en México, es designado en Nicaragua, donde permaneció poco tiempo y a comienzos de 1949 fue nombrado embajador en Cuba. A fines de 1949, ante el reemplazo del Ministro de Relaciones Exteriores, Juan Atilio Bramuglia, y algunos roces con los nuevos funcionarios, Ugarte presentó la renuncia y envió una carta a Perón, señalando algunas diferencias por los cambios sucedidos en la Cancillería, sin por eso dejar de apoyar al gobierno. Alejado de la función pública decidió visitar nuevamente México donde los intelectuales realizaron un homenaje en su honor. En noviembre de 1951 retornó a Buenos Aires con un sólo objetivo: votar por la reelección del Perón. Luego de la reelección del presidente regresó a Madrid donde permaneció unos pocos días para instalarse nuevamente en Niza donde falleció el 2 de diciembre.

En noviembre de 1954, Jorge Abelardo Ramos organizó una Comisión de Homenaje, con la finalidad de recibir los restos del gran argentino fallecido en el ostracismo. Los restos de Ugarte llegaron al país acompañados por su viuda, Therese Desmand, y fueron recibidos por varias personalidades en el puerto de Buenos Aires.

Novelas

Una tarde de otoño

La novela de las horas y los días (nota íntimas de un pintor)


Relatos

Cuentos de la Pampa

La lechuza

La leyenda del gaucho

El malón

Los caballos salvajes

El tigra de Macuzá

"Costura"

Rosita Gutiérrez

La venganza del capataz

El curandero

Totota

La muerte de Toto

Giovanni

Los pobres viejos

La sombra de la madre


Cuentos argentinos

El gigante y la luna (cuento fantástico)

 

Artículos - Ensayos - Crónicas

Paisajes parisienses

Teoría y práctica de la historia de Juan B. Justo

El porvenir de la América Española

Mi campaña universitaria

Mi campaña hispanoamericana