Miguel del Carrión
(1875 ‑ 1929)

Realizó los primeros estudios en su ciudad natal. Se graduó de bachiller en 1890. Ingresó en la Escuela de Derecho, pero tuvo que abandonarla al estallar la última guerra de independencia debido a sus actividades revolucionarias.
 
Emigró a los Estados Unidos. De regreso, en 1903, ganó por oposición una plaza de maestro de enseñanza primaria. Renunció a ella al año siguiente. En 1905 formó parte de la Asociación de Biología.
 
Se graduó de médico en 1908 e ingresó en la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana. Dos años después, la Junta Rectoral de nuestra Universidad le adjudicó la Ayudantía Facultativa del Departamento de Rayos X, adscrita a la Escuela de Medicina, puesto que abandonó en 1913. A partir de entonces prestó servicios en la Asociación Cubana de Beneficencia, hasta que en 1917 ganó por oposición la cátedra de Educación Física, Juegos y Deportes y Anatomía, Fisiología e Higiene en la recién creada Escuela Normal de La Habana.
 
Entre 1921 y 1922 trabajó directamente con el secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes. Como miembro del Partido Popular Cubano fue candidato a representante por la provincia de Oriente (1922). Reintegrado a su cátedra, en 1923, fue nombrado secretario de la escuela y formó parte de una comisión para el estudio de las reformas del Reglamento General de Instrucción Primaria.
 
Por último, en 1926, se le nombró director de la Escuela Normal. Fue miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras. Su abundante labor periodística comenzó en 1899 en el efímero Libertad, del que fue redactor. En 1903 fundó la revista especializada «Cuba Pedagógica», en la que permaneció hasta abril de 1905. Creó, junto con Félix Callejas, la «revista para niños» «La Edad de Oro» (1904). También colaboró en las publicaciones «Azul y Rojo» (de la que fue director en 1904), «El Fígaro», «Cuba Contemporánea», «Letras», «Archivo de la Policlínica», «Revista de Medicina y Cirugía», «El Comercio», «La Discusión», «La Noche«,«"La Lucha» (de la que fue nombrado subdirector en 1919), «Heraldo de Cuba».
 
Fue uno de los talentos fuertes, penetrantes y luminosos, compulsador de las luchas del alma y de las prácticas sociales, intuitivo sorprendente, cuya pluma empapada en humanidad, trazó tres novelas magistrales, El milagro, Las honradas y Las impuras, que son gala del verismo en la literatura cubana y que lo serían en cualquier otra. Con la sonrisa escéptica de los que llevan metida en su conciencia la convicción negativa de la comprensión de las multitudes, buscó el remanso de su aislamiento, la satisfacción de su estética íntima, en la que predominaba un paganismo que no podía sufrir el contacto de los prejuicios y de los códigos acomodaticios de la ética eficiente, porque se remontaba un mucho más, buscando el picacho de la rendención espiritual. Su afán por analizar la vida, desbridando los filamentos de la llaga socila hasta hacer brotar el humor que corroe la salud individual, contaminando la conciencia colectiva, hubo de llevarlo lógicamente hacia el naturalismo, escuela en que la que habría de hallar la técnica estética conveniente para plasmas sus ideas y dar al mundo, en dosis de belleza emotiva, el substractum de su experiencia.

En 1897, cuando contaba veintiún años, escribió El milagro, y la publicó en 1903. Asombra que pensamiento y estilo tan madurados, se dieran a edad tan temprana. En esta novela no se ha dejado sentir la influencia de Zola, como han querido ver algunos críticos de Carrión. Más se percibe la de Blasco Ibáñez. En efecto, es esta la novela en que Carrión se ofrece más colorista que en ninguna otra de las suyas; y es con el colorismo del autor español, radiante y biens sensible, como si fuera la obra de un estilizador genial. La idea-eje de El milagro, que es la redención del espíritu humano que fa de la fe a la razón, pasando por el instinto y que llega al nivel ecléctico en que el corazón no es ni epicúreo ni cristiano, sino simplemente humano, parece recordar la tesis de Valera.

Las honradas publicada en 1918 es su obra máxima. Es un momumento del naturalismo. Es una cumbre de la novela comtemporánea. Es pedestal capaz de levantarse en cualquier latitud, para soportar la glorificación más legítima. Si Carrión hubiera sido español o francés, esta novela hubiera dado la vuelta al mundo. Tal es de genial, de humana, de artística. Lo que verdaderamente sorprende en esta producción admirable es que en toda ella se mantiene la misma tensión estética, la propia altura tonal, desde el comienzo hasta el fin. Virtud que raramente se manifiesta, a no ser en las obras verdaderamente maestras, porque es la inmensa mayoría, en las que sin dejar de ser buenas, no han llegado a esa altura si niveles limitadores, el fuego de la inspiración, ardiente a veces, decade en el resto del relato, como esas inmensas expansiones de terreno en la que a grandes trechos se levantan algunos montes más o menos empinados. En La honradas, se cumple como en pocas obras de su caletre la tendencia a hacer de la novela un trabajo científico experimental. Carrión estudió en el laboratorio de la vida, de la sociedad, de las pasiones humanas, y así llegó a poseer ese maravilloso sentido de lo real, que sólo los que se conectan directamente con la lucha humana son capaces de comprender, y que sólo los elegidos, como este insigne autor cubano, han podido llevar al arte, sin destruir la poesía, las leyes de una estética perpetua, sino más bien produciendo un todo armónico poderoso y subyugador. En esta novela se verifica el divino milagro artístico de fundir en un mismo empeño el espíritu de lo feo con el de lo bello, que es ocmo dar forma sensibnle al sentido de la vida. Es la más alta y trascendental función estética que pued realizar el artista, pero que no a todos está permitido alcanzar.

Las impuras, publicada en 1919, hace Carrión una pintura magistral de la vida desordenada y abominable de esas desventuradas, muchas veces verdaderas incomprendidas, como la protagonista, que no alcanzan más refugio que el lupanar inmundo, en donde se corrompe la conciencia y se pierden todos los caracteres del pudor, y a donde siempre llegan aquellas, tras una historia de burla y escarnio de sus ilusiones; pero al propio tiempo hacer resaltar el novelista el sentimentalismo de las malditas, pronto a desbordarse ante cualquier acontecimiento que hiera su fantasía, y llega a afirmar que en el mundo de ellas "suele reinar más el corazón que en el de las honradas". Ya se sabe a quiénes consideraba Carrión honradas en sentido recto y a quiénes impuras. Teresa, la figura central, trazada con rasgos firmes, es un aguafuerte empapado de color y de luz, Es la figura que centraliza el drama de la vida impura, como Victoria es en la otra novela, la que centraliza el drama de la vida honrada. Enlazadas estas novelas pro el tipo de Teresa, que vive en los dos relatos, hay en ambas setido más amplio y espléndido que las confunde en el mismo espíritu ideológico, y es el deslumbramiento de altruísmo que irradia de aquellas dos almas atormentadas por los hondos quebrantos de su mal calificada impureza. Las impuras es novela de más fuertes emociones que Las honradas. Es más sentimental, como si el dolor de aquella pobre criatura, Teresa, se adueñara más de de la compasión del lector, que el de aquella otra desdichada, Victoria, por el solo hecho de ser aque una impura, sin amparo ni bienestar, huérfana de amor, y ésta una honrada, rodeada de satisfacciones materiales, que llega al engaño arrastrada por la voluptuosidad de un mundo desconocido; pero carece la novela Las impuras de esa grandeza y de esa serenidad pasmosa que dominan en Las honradas y que ofrecen más alta y sugestiva la personalidad del novelista y del pensador.
 
Sus novelas Las impuras La esfinge fueron traducidas al ucraniano bajo el título común de Grishnitsi Sfinks (Per z ispah Kiev, «Dnipro», 1966).  Pronunció conferencias sobre distintas materias, científicas y literarias. Dejó inconclusa en los folletines de «Azul y Rojo» su novela El principio de autoridad.  

En colaboración con A. M. Aguayo publicó en 1906 la obra de texto escolar Estudios de la naturaleza. Dentro del campo, de su profesión médica publicó Los cálculos renales y su diagnóstico, 1912.

Novelas

El milagro

Las honradas

Las impuras

La esfinge

El principio de autoridad


Relatos

La última voluntad y otros relatos

La última voluntad
El doctor Risco
En familia
De la guerra
Inocencia


Ensayos - Artículos - Crónicas

Estudios de la naturaleza

Los cálculos renales y su diagnóstico