Rufino Blanco Fombona
(1874 - 1944)

Ningún escritor venezolano en los últimos cincuenta años de vida literaria ha alcanzado tanta fama, tanto renombre en el mundo, como Rufino Blanco Fombona. Su poderosa personalidad de hombre primitivo, su temperamento de bárbaro del cual él alardeaba, le granjearon la admiración y el respeto de las más descollantes personalidades de su época.


Con el espíritu caballeresco medieval, con la elegancia del Renacimiento, comparan algunos críticos la actitud arisca y rebelde del escritor venezolano. Realmente su vida está cargada de anécdotas extraordinarias. Muchas de ellas han debido corresponder a poses del escritor. Pero de todas maneras, esta vida de extravagancias y de violencias se fue haciendo familiar en su interminable rosario de leyendas. 

Su espíritu de poderosa vocación de conquistador le llevó a explorar casi todos los géneros de la literatura. En este sentido, Blanco Fombona nos resulta la más compleja personalidad intelectual de nuestra generación modernista. Es el polígrafo de la generación. La bibliografía de Blanco Fombona es verdaderamente extensa. No hay otro en nuestra historia literaria moderna, que le iguale en fecundidad. Se inicia en nuestras letras con el cultivo de la poesía. Su primer libro es un poema largo, titulado Patria y data de 1894. Representa los primeros arrebatos líricos-épicos del escritor. Con el concurrió a un certamen acerca del centenario de Sucre, promovido en la fecha indicada en la ciudad de Coro. Poco después publica un más serio ensayo poético: Trovadores y Trovas (1898). En esta segunda oportunidad, el poeta según el juicio de Manuel Díaz Rodríguez revela «un espírítu dotado de superiores facultades artísticas». Era, no obstante, un libro de juventud. 

Será en 1904 cuando el poeta ofrezca su creación fundamental: Pequeña Opera Lírica. Lleva prólogo de Rubén Darío. El libro responde al credo modernista del escritor. Exhibe los atributos del movimiento rubeniano: «pesimismo, refinamiento verbal, exaltación de la sensibilidad y culto a la belleza» señalado por el propio Blanco Fombona en su estudio El Modernismo y los Poetas Modernistas de América, publicado en España en 1929. 

La Pequeña Opera Lírica es en poesía el libro fundamental de Blanco Fombona. En Venezuela, abre una extensa zona de influencias para su época. Los jóvenes gustaron de su desenfado sensual, su aparente despreocupación de las formas, su encantador desorden, su impulsiva naturaleza. 

Tal vez uno de los poetas venezolanos que mejor ha acusado esta influencia, haya sido Alfredo Arvelo Larriva. El crítíco Jesús Semprum, en su estudio publicado en «El Cojo Ilustrado» hacia 1909, deploraba el entusiasmo de los jóvenes por la obra poética de Blanco Fombona. Decía entre otras cosas: «Buena parte de nuestra juventud se empeña en seguirlo, con menor o mayor disimulo, a pesar de que su poesía es de las que menos deben convidar a la imitación». Más adelante habla el crítico de los «frutos poco gallardos que brotan de sus semillas». Se refería Semprum a los «espejismos de las imaginaciones candorosas y lúbricas», peligro evidente para los jóvenes poetas. Con todo, Blanco Fombona rompe un poco con esa poesía de orfebres, de filigrana, que algunos románticos venezolanos decadentes cultivaban todavía en Venezuela. 

En 1911 Blanco Fombona publica Cantos de la Prisión y del Destierro . Es un libro lleno de diatribas contra la tiranía de Juan Vicente Gómez. A ratos encontramos cierto calor épico en algunos de los poemas del libro, proveniente del tono civil de los cantos. 

En 1918 Blanco Fombona publica su Cancionero del Amor Infeliz . En él recorre todo el diapasón de la vida. El poeta es sincero. Sus pasiones lo impulsan sin miedo hacia todos los horizontes. En tono viril, canta el mensaje de su corazón, según sus propias palabras, cubierto de fuego. 

El último libro de poemas de Blanco Fombona corresponde a sus últimos años en Venezuela. Lleva por título Mazorcas de Oro y apareció en 1943. Es un libro Vario, sin unidad. En él están los últimos poemas de su generosa fronda lírica. Es un libro de senectud y de decadencia. 

Fuera de la poesía, Blanco Fombona realizó una obra literaria ciclópea. Fue novelista, cuentista, crítico, ensayista e historiador. 

Como novelista no ocupa en nuestra literatura, un sitial preferente. Pero sí hay, en su estilo y en muchos de sus personajes, momentos de acierto. Su talento se sobrepone algunas veces a su tendencia por la improvisación. Por otra parte, su propia experiencia pasional imprime calor a muchas de sus narraciones. Sus novelas más conocidas son El hombre de hierro y El hombre de oro. Ambas presentan a grandes rasgos interesantes momentos de nuestra vida política. Crispín Luz, en El hombre de hierro, es realmente un sugestivo personaje. Representa la virtud escarnecida. En contra de aquellos que tienen el alma férrea para acometer las más inhumanas acciones. Crispín es férreo en su pasividad. En El hombre de oro sucede lo contrario. El personaje central impone su voluntad. Está por encima de la sociedad en que vive, como quiso el autor. En las dos novelas, Blanco Fombona quiso incorporar algunas de sus amargas experiencias frente al proceso social y político de la Venezuela de su época. 

Como cuentista Blanco Fombona publicó cuatro volúmenes: Cuentos de Poeta, Cuentos Americanos, Tragedias Grotescas y Dramas Mínimos. El primer libro lo repudió el autor después. 

La técnica narrativa de Blanco Fombona es muy personal. Sus novelas y sus cuentos no se ciñen a patrones preconcebidos. Un aire innovador sopla en su prosa personalísima, a veces de acerada elegancia. Muchos de sus cuentos giran en torno a la injusticia social. Están saturados de algo humano conmovedor. Nadie lee Juanito, Molinos de Maíz y Democracía Criolla , sin que repercuta en su alma el reclamo muchas veces silencioso, de los desposeídos. 

Como crítico llevó a cabo una de las obras más interesantes dentro de la literatura iberoamericana de su tiempo. Hasta seis títulos pueden contarse en su labor de comentador e intérprete de las obras más sobresalientes en el proceso cultural de nuestros pueblos. Dado su temperamento explosivo, siempre dispuesto a la diatriba, al hiriente juicio, Blanco Fombona como crítico presenta aspectos negativos. Era más bien un espiritu creador. Los escritores de su simpatía merecieron de su pluma los mayores elogios. Los otros, los de la margen opuesta, fueron blanco de su agresividad. Pero lo que nadie podrá negar, es su labor de incansable divulgador de los más señeros valores de la cultura hispanoamericana. 

Como ensayista publicó dos trabajos de verdadero interés: La Evolución Política y Social de Hispanoamérica El Conquistador Español del Siglo XVI

Puede notarse en la temática de su ensayística, cierta tendencia al estudio de los problemas sociales, claves de nuestra formación histórica. Opina por ejemplo del movimiento de emancipación que fue «una revolución municipal, porque fue en los Cabildos donde se encontraron los revolucionarios». 

Su estudio fundamental dentro del ensayo es El Conquistador Español del Siglo XVI. Es como El Hombre y la Historia de Gil Fortoul, uno de los primeros ensayos históricos. concebidos a la luz de la filosofía positivista. 

En el campo de la historia se destaca por su indeclinable fervor bolivariano. Fue un incansable revisador, compilador de documentos históricos del héroe suramericano. Estudió su obra y la comentó. Y pudo desvirtuar muchos errores, casi convertidos en leyenda, sobre la atrayente fígura de nuestras más importantes personalidades políticas del siglo XIX. 

Como se puede observar la obra de Blanco Fombona es vasta y compleja. Responde a su poderoso temperamento de polígrafo del modernismo.

Novelas

Tragedias grotescas

El hombre de hierro

El hombre de oro

La mitra en la mano

El secreto de la felicidad

Camino de imperfección


Relatos

Cuentos del poeta

El dolor de Pedro

Cuento filial

El amor de Luzbel

Molinos de maiz

Historia de un dolor

Juanito

Carta de amor

Cuento de Italia

Alfa enferma

Filosofías truncas

La confesión del tullido


Dramas mínimos

- Cuentos franceses

La institutriz alemana

El abogado y el cazador

El dolor de Crepet

El derecho de Juan

La despedida del rastacuero

- Cuentos yanquis

Noticias yanquis

El doctor que todo lo cura o La lucha de razas

- Cuentos de cualquier parte

El caso de Petliura

El hombre que nunca habló

Psicología de un muerto

- Cuentos americanos: el campo

El catire

Don Segis, el panglosiano

Los redentore de la patria

El eterno femenino

Democracia criolla

Idilio roto

La bruja de Guaviare

Recién casados

- Cuentos americanos: los pueblos

La lección del padre Irástegui

El canalla San Antonio

Molnos de maíz

Juanito

- Cuentos americanos: la ciudad

El cadáver de don Juan

El maestro de latín

El culí

La confesión del tullido

- Cuentos españoles

El milagro de la virgen


Artículos - Ensayos - Crónicas

Más allá de los horizontes

La Evolución Política y Social de Hispanoamérica

El Conquistador Español del Siglo XVI

El Hombre y la Historia de Gil Fortoul

Grandes escritores de América

El modernismo y los poetas modernistas

La espada del samuray