Armando Leyva Balaguer
"Randal"
(1888 - 1942)

Escritor gibareño, reconocido en la historia de la literatura cubana. A través de él se produjo una gran integración del territorio a la actividad literaria de la provincia oriental.

Su contribución a la promoción de autores y obras cubanas y el haber donado lo recaudado con la publicación de su libro Museo para la construcción de un edificio propio para Museo y Biblioteca en Santiago de Cuba, son ejemplos de su labor en aras de la cultura nacional.

Según expresa su partida bautismal, nació en Gibara la noche del 14 de enero de 1888, en una casa de la calle San Mamerto, hoy Calixto García. Fue hijo del industrial Cándido Leyva y Aguilera, natural de Gibara, y de su esposa, la holguinera Amalia Balaguer y León.

Conocido por Armando Leyva, hizo la primera enseñanza en su pueblo natal y luego continuó sus estudios en las Escuelas Pías de Guanabacoa. Posteriormente embarcó hacia los Estados Unidos para iniciar los estudios de ingeniería, la carrera de su padre, en el colegio Mount Saint Marys del estado norteamericano de Maryland, los cuales dejó inconclusos varios años más tardes y regresó a su pueblo natal para dedicarse a las letras y al periodismo que fueron su vocación, y a las que brindó gran parte de su existencia, a pasar de que tuvo que luchar contra las limitaciones que el medio social en que se desenvolvió imponía al desarrollo de las letras.

Se comportó como un escritor preocupado por los problemas de su país, fue, un intelectual progresista decidido, según sus propias palabras, a hacer dejación de su pluma si con ello hubiera dado a su patria todo lo que ella necesitaba. Durante algún tiempo participó en la política partidista activa. Dentro de su misma provincia, dirigió las publicaciones «Zeta», «Pandemonium» y «El Comercio» (1915), y colaboró en «La Palabra» y «El Triunfo», todos de Gíbara, así como en«El Correo Semanal» de Banes. En Santiago fue jefe de redacción del «Diario de Cuba» (1917) y colaborador de «El Cubano Libre»; allí mismo fue también presidente del Ateneo y alentador de la empresa editora Biblioteca Oriental. Se trasladó a La Habana en 1925 para trabajar en el periódico «El Sol». Fue secretario de redacción de «Noticias» (1933) y director de «Labor» (1936-1937) y «Metrópolis» (1937). Colaboró en las publicaciones habaneras «Social», «Bohemia», «Letras», «Smart», «Alma Latina», «El Fígaro», «La Prensa», «Heraldo de Cuba», «Diario de la Marina», «El Mundo», «Información», «El País», «Adelante», «Tierra Libre». Editó, junto con Pedro Alejandro López y Luis Enrique Santiesteban, «La novela cubana» [ca. 1928], que dedicaba cada número, íntegramente, a la publicación de una novela corta.

Dentro de su participación en la cultura cubana, Leyva formó parte del grupo literario Manzanillo, colaborando con él desde Gibara. Este grupo literario que fundó la «Revista de Difusión Cultural ORTO» (1912), reunió a grandes personalidades del pensamiento y las letras cubanas, siguió las huellas de José Martí y contribuyó a formar las concepciones de cubanía y progreso. Perteneció, además a la Academia Nacional de Artes y Letras y a la Asociación de Reportes. Fue presidente del Ateneo Santiaguero y alentó la creación de la Empresa Editorial Biblioteca Oriente.

En el año 1942 quebrantaba su salud, lo sorprendió en La Habana la muerte, un 9 de diciembre, a los 54 años, aun cuando sus facultades le hubieran permitido aportar mucho al desarrollo de la Cultura Nacional.

Su corpus lo componen cuentos, crónicas, artículos, poemas en prosa y una novela corta. Sus libros fueron publicados en gran parte, en la antigua provincia de Oriente: Del ensueño y de la vida, en Gibara y en Las Tunas, Seroja, en Banes; Alma perdida, en Puerto Padre; Las horas silenciosas (1920), Museo (1922), Pequeños poemas, publicados en Santiago de Cuba; La provincia y las aldeas (1922), en Santiago de Cuba y en Gibara; Estampas del regreso, en Gibara y La enemiga, en La Habana. Entre sus obras se encuentran además, Amar la poesía, cultivar el verso, respetar al poeta (1912) y su única obra teatral La última vez que Budha sonrió, monólogo publicado conjuntamente con otro de Eduardo Abril Amores, bajo el título común Mientras reía el carnaval.

Respecto a la obra de Leyva, Antón Arrufat ha expresado varias críticas: "… pese a que la escritura es la de un esteticista  moderado,  Leyva es más un neorromántico que un modernista. Su prosa, efectiva y cuidada, es solemnemente cursi… Sin duda, Leyva carecía del  don de titular. Desde el inicio de su carrera como escritor, la falta de este don es manifiesta.

Cuando aparecen Del ensueño y de la vida, y el libro siguiente, Alma perdida, Rubén Darío vive todavía y publicará  dos obras esenciales del movimiento modernista, Poema de otoñoCanto a la Argentina. El modernismo se halla en su apogeo, influyente en la poesía y la prosa de nuestra lengua. Espléndida  renovación del castellano. Leyva es amigo  y lector  de los más  grandes poetas cubanos de su época, orientales y mestizos, Regino Boti y José Manuel Poveda. Ambos escribirán sobre él, Poveda prologará uno de sus libros. Su escritura está en su momento histórico. Conoce bien sus textos: a los latinoamericanos, Nájera, Silva, Lugones, al español Valle-Inclán. Ha leído a Stevenson, a Hoffmann y a Oscar Wilde, a los filósofos  Schopenhauer y Thomas Hobbes. Por supuesto a estas lecturas se mezclan malas lecturas. Admira a Santos Chocano y a  Felipe Trigo.

Del ensueño y de la vida no es buen título. No se le daban siquiera sugerentes o llamativos Este pequeño libro revela desde su título, la división en dos partes y el uso de la crónica y del cuento, como géneros separados incluso en la organización tipográfica, las antinomias decisivas en la poética de Armando Leyva. Creo que tan sólo falta la del horizonte geográfico: el enfrentamiento entre el mar y la montaña, la aldea y la ciudad. Estos son los agentes del conflicto, el dualismo acentuado y en contradicción, cuyo eje central y giratorio lo forman el ensueño de un lado, del opuesto, la vida. Pareja contradictoria que hace su aparición en múltiples páginas, constantemente, de un modo casi obsesivo, incluso hasta el punto de desgaste….

Alma perdida, su segundo libro, es perfecto para un melodrama radial. Otros lindan con lo excesivamente cursi, con el folletín, con un Modernismo trasnochado, y pueden desanimar a lectores y a críticos del conocimiento de sus mejores cuentos, “Gritos en el monte”, “Un suicidio”, “Un muerto”. Títulos desafortunados, quizá obra de la dejadez o la indiferencia periodística, sorprendentes en un autor que ejercía sobre el resto de su prosa un cuidado extremo… Hay varias piezas considerables en este libro: el relato que le da título, los cuentos cortos: ”Gritos en el monte y Sister Grace, y la crónica “Jambrina. En mi opinión son  cuatro piezas perdurables. La estructura de este su segundo libro repite la dicotomía del  anterior, cuentos y crónicas, distribución genérica que  constituye una constante personal de cuanto Armando Leyva escribió. “Alma perdida, figura entre sus textos narrativos más extensos. Es de 1913, dos años antes de  que apareciera  en libro. Obtuvo un premio en un concurso organizado en Gibara. Parece  escrito por un  chroniqueur que hubiera leído a Baudelaire. Amores enfermizos, caprichosos, tornadizos: insistir en amar a quien no te ama, sufrir por esa frustración trágica, enfermar y enloquecer, en medio de la belleza del paisaje oriental, lejano y apartado, aves misteriosas que pasan,  ventanas abiertas a un  azul fantasmagórico, un piano donde una adolescente toca exóticas melodías con insistencia neurasténica. Un personaje femenino, especie de mujer fatal, fanfarlo criolla, que seduce con inesperados acercamientos e inesperadas esquiveces, destruye la vida espiritual de un escritor, hasta llevarlo a la locura y al suicidio.

Novelas
La enemiga

Relatos
Alma perdida
Alma perdida
El retrato
Caserón arcaico
Un suicidio
Sister Grace
Un muerto
Las voces de los muertos
La puerta
Jambrina

Las horas silenciosas
Gritos en el monte

Narraciones sueltas
La última bañista o Anafkh
Las hormigas
Juegos infantiles
Un flirt extraño
Atardece...

Ensayos - Artículos - Crónicas
Del ensueño y de la vida
El primer desengaño
Mis gafas
Un gato
Poe

Seroja
Museo
La provincia y las aldeas
Estampas del regreso
Amar la poesía, cultivar el verso, respetar al poeta
La última vez que Budha sonrió