Federico de Ibárzabal y Plá
(1894 - 1953)

Nació en La Habana en 1894. Curó la segunda enseñanza en el Instituto de La Habana y abandonó los estudios de bachillerato para dedicarse al periodismo, en el que pronto descolló. Dirigió con Alfonso Camín la revista de poesía «Apolo», cuyo primer número apareció en 1915. Fue también jefe de información de los diarios «El Heraldo de Cuba», «El Comercio», «El País», sin dejar de colaborar en «Bohemia», «Social», «Revista Habanera», «Cuba Contemporánea». En la revista «Carteles» fue jefe de redacción. Es el autor de la primera antología del cuento cubano «Cuentos contemporáneos» (1937). Trabajó en importantes publicaciones nacionales. Es coautor de “La revolución de febrero” y “Datos para la historia” (1917).

Autor de varios libros de poseías: Huerto lírico de 1913, es la primera muestra de su poesía. A continuación vendría un segundo libro, El balcón de Julieta de 1916 —entonces Ibarzábal cuenta 22 años—; aunque los críticos opinan que con Una ciudad del trópico de 1919, alcanza una realización más cabal su manera un tanto sarcástica de afrontar la vida; Sse nos revela entonces como un poeta urbano que sabe decir el encanto apacible de los viejos sitios coloniales, evocar el prestigio eclipsado de una silenciosa avenida junto al puerto o el ambiente afixiante de un casino tropical. En su último libro, Castillos en el aireel poeta ha dejado volar libremente la fantasía, insuflando en sus composiciones una filosofJa muy humana, preocupado por el más allá, pero nada abstracta. Ha dejado sentir las influencias de Herrera y Reissing y de Tomás Morales, principalmente; pero está lejos de ser un imitador.

Súmese, en la narrativa, la producción de tres novelas: La avalanchaLa casa del diablo (insertada como folletín en el diario «El Crisol») y Tam-Tam, considerada la más lograda en cuanto a su capacidad para revelar el ambiente cubano. Tampoco debe obviarse su cuentística (donde reina el mar  y en los que se aprecia la influencia de Kipling y de Conrad ), reunida en dos volúmenes: Derrelictos de 1937 y La charca que aparecido un año más tarde.

El autor se detuvo, además, en el ensayo, y al margen de las consideraciones con respecto a los valores de su obra en la poesía (el que más renombre le dio) y la narrativa, fue un autor leído abundantemente a lo largo de buena parte de la primera mitad del siglo XX y reconocido dentro del ámbito periodístico.

Se afirma que, al morir, quedaron inéditos varios de sus libros de poemas y cuentos.

Relatos
Derrelictos
La charca 

Novelas
La avalancha
La casa del diablo
Tam-Tam