Era en el mes de las flores
(Vals Mignnone)

Era en el mes de las rosas, mes de nupcias, y Cupido, el diosecillo malicioso, había agotado las saetas áureas de la aljaba diamantina, cuando una secreta y pensativa musa, la que sorprende los ensueños de las hermosas y pálidas doncellas que suspiran a hurto de sus buenas madres, refirióme al oído este muy dulce cuento.

¡Oh tú, obscuro poeta! Entre las vírgenes amadas del sol, las de los ojos columbinos de avecilla herida, aterciopelados y negros, que acarician suavemente al mirar, florece la adorable Hortensia, la sultana pequeñita, arrogante como un lirio, que estuviera para transfigurarse en mujer. Ciertamente que sus pies breves, finos y nerviosos, parecen pisar azucenas, y van diciendo lindezas y preciosuras de su suave y gentil se flora; y es muy cierto que su roja boquita es rica más que la miel sabrosa y perfumada y atrevida, incitante y pulposa como la vedada poma del viejo Edén de que cantan las prístinas, orientales leyendas.

Participa del pájaro y de la flor y del verso rítmico y alado. Vive del azul y de la luz que la corona con un florecimiento de gloria, y que al mirarse en ella se ve más transparente, más puro y más lilial; de la luz, que se sonríe en la aurora de sus pupilas grandes y radiosas, y la visita como una buena y linda hada, en forma de ensueños muy blandos y refulgentes, más que la nieve virgen de la hosca, legendaria montaña.

El precioso geniecillo de los florales idilios, de los misterios suavísimos, de los amores, le murmura al oído cosas tan bellas, ¡tan dulces!... Pero Azrael, el ángel bueno, el eternamente enamorado de la luz, el de las alas de viviente fuego, marcha a su lado y la cubre y defiende con su áureo e invisible escudo.

Sábelo. Las flores son muy buenas amigas, y le refieren, en verdad, cosas que son gran portento. Por ejemplo: le cuentan de los maravillosos secretos de los rocíos y los perfumes, y de los dulces milagros de los colores; le hablan de cómo al espirar ellas, las castas flores, sus almas se transforman en mariposas todas luz, y de cómo la vida es bella, de cómo el sol es la alegría del mundo, y de cómo es bueno el cielo azul.

Esta es Hortensia, hermana menor de la griega Elena, la sultana pequeñita, arrogante como un lirio que estuviera para transfigurarse en hada o en mujer, la virgencita bien amada del sol.