Aniceto Valdivia y Sisay de Andrade 
"Conde Kostia"
(1859 - 1927)

El 20 de abril de 1857, en el ingenio Mapo, en Sancti Spíritus, nace este intelectual de talla mayor. Siendo aún un niño se traslada a Santiago de Cuba, pues su progenitor, médico militar al servicio de la colonia, es transferido a esa ciudad por cuestiones laborales. Allí concluye su infancia y transita la adolescencia, que van a estar muy influidas por las enseñanzas del sacerdote católico jesuita Padre Ramón Ortigueira. La inteligencia del muchacho conlleva a que el religioso dedique todo el empeño y fortuna en su educación. De esta forma, culmina el Bachillerato en el Instituto Cuba de esa urbe oriental.

Con solo 14 años, en 1871, viaja a España con su madre. Matricula en la Universidad de Santiago de Compostela, y una década más tarde obtiene el título de Licenciado en Leyes en Madrid. Abandona esa profesión y se dedica al oficio de escritor, pues prevé que su futuro está alejado de los tribunales y bufetes.

Con apenas 20 años, empieza a trabajar en la redacción del periódico madrileño "El Globo". Sus artículos, permeados por las corrientes ideológicas del momento, cobran inusitado interés entre la sociedad española, y su nombre comienza a adquirir fama. Su paso por ese órgano, defensor de las ideas republicanas, ayuda en la temprana formación del joven villareño, y define su actual y venidero pensamiento filosófico. Los iniciales triunfos periodísticos lo impulsan a colaborar con otras publicaciones de la capital ibérica: "El Pabellón Nacional", "Madrid Cómico" y "El Imparcial", son testigos de la sagacidad, cultura y refinamientos de Aniceto.

En enero de 1880, lee en esa ciudad su drama en tres actos y en verso Senda de abrojo. Dos dramas nacen de sus manos: La ley suprema estranado en 1882 el teatro Alhambra y La muralla de hielo estrenado en la capital española en el teatro Apolo por la compañía del famoso actor Antonio Vico.

Gran conocedor de la literatura francesa, protagoniza una célebre controversia crítica al descubrir que el poeta Ramón de Campoamor, había cometido un plagio. La intelectualidad de ese país europeo se conmueve cuando el escritor cubano acusa al español, y demuestra las coincidencias existentes en el poema en cinco cantos "Los buenos y los sabios" del autor de "El tren expreso". La discusión queda zanjada cuando Campoamor, al no poseer argumentos ni armas para desmentir la imputación, visita a Aniceto y, en un tono festivo y alegre, le propone la paz y le dice conciliadoramente: ¿Cuándo ha visto usted que los Obispos se tiren las mitras a la cabeza?

Valdivia transa la polémica y surge así una amistad entre los dos hombres de letras. Mas el peninsular aprovecha su influencia política y, al temerle la cercanía de aquel censor, comprende la necesidad de silenciarlo y le persuade a que asuma un cargo administrativo en Puerto Rico. En la tierra borinqueña reconoce que el quehacer burocrático no resulta compatible con sus gustos e intereses intelectuales, y regresa a Cuba en el período de auge y esplendor de las ideas autonomistas.

A solicitud de Ricardo del Monte, pasa a la redacción de "El País", rotativo de esa tendencia política, donde permanece por algún tiempo. Su amigo Arturo Alfonso Roselló refiere que: «...un espíritu inquieto y demasiado nutrido de influjos renovadores en literatura y política, buscase campo más afín para dialogar con su público, sin adscribirse a una disciplina determinada...» Al parecer, por ese motivo se distancia de la publicación y comienza a laborar en La Lucha, de Antonio San Miguel, donde se mantiene escribiendo asiduamente durante treinta años.

Sus grandes dotes de reportero hacen que viaje a Constantinopla como redactor de ese periódico, para reseñar los sucesos políticos y sociales que acontecen en esa región del Cercano Oriente. También describe la Exposición de París, en 1990, ofreciendo a sus lectores datos precisos del evento. Los famosos carnavales de Niza y de Nueva Orleans están contados en crónicas amenas que titula «Mi linterna mágica».

Refiere la prensa de ese entonces que «... la versatilidad de su estilo le permitió, en ese lapso, redactar folletines cada semana, según el gusto de la época. Atendió con regularidad la crítica teatral en momentos en que el flujo y reflujo de compañías de drama y comedia, de ópera y zarzuela, daban a nuestra capital una categoría de plaza artística de primer orden. El tono frívolo —y a veces trascendente— de las denominadas gacetillas, tuvo en él un cultivador de gran maestría, que supo siempre dosificar, según el caso, sin concesiones a lo cursi, lo solemne y lo festivo. Atendió con pulcritud un capítulo escasamente cultivado en el periodismo de ahora: la referencia a los sucesos literarios y artísticos registrados en el mundo culto, y la etopeya y fijación crítica de los intérpretes. Los escritores, músicos, pintores y dramaturgos que producían o que morían, tuvieron en Valdivia un informador enterado. Sus crónicas son modelos de concreción, de elegancia, de finura crítica...»

Artículos separatistas con su rúbrica son agrupados en La Lucha. Esto provoca la reacción de las autoridades españolas. Ante esto, el Capitán General de la Isla ordena sea sometido a juicio y encarcelado por «graves ofensas a la Madre Patria». En la prisión surge el sobrenombre que lo inmortalizaría... Durante el cautiverio lee la célebre novela El Conde Kostia de Víctor Cherbulier. La personalidad del noble ruso que le da notoriedad al libro lo atrae, y decide esconder su identidad tras ese seudónimo. Así satisface también a San Miguel, quien le insta a seguir colaborando bajo nombre supuesto.

La reputación que Aniceto había cosechado durante su carrera periodística, la gana con rapidez el improvisado Conde Kostia. Solo cambia la firma, pero las ideas, la cultura, el poder de síntesis y de observancia de lo que le rodea y sucede en el mundo, radican en una misma persona. Para colmo, su propio verdugo, el Gobernador de Cuba, felicita al director de "La Lucha" por haber encontrado tan excelente sustituto a la pluma «infidente» del periodista encarcelado.

Un ejemplo de su rechazo a la política de opresión que ejerce sobre nuestro país las autoridades coloniales, la podemos ver en la crónica «En la Academia (Recepción Salazar)», en la que, exaltando al joven poeta y su conferencia «El dolor de la lírica cubana», el Conde Kostia asegura: «Tema enorme y de un desenvolvimiento que exigiría volúmenes, porque el dolor de que habló nuestro estimado amigo —y del cual la Poesía se hizo eco durante siglos—, es el dolor mismo de toda Cuba, la bella ilota aplastada por la codicia extranjera. Porque eso fue siempre Cuba. España: una extranjera estrujadora...»

Tras el reinicio de la gesta independentista, el 24 de febrero de 1895, Aniceto, reconocido como separatista, emigra a México. En suelo azteca funda y dirige el periódico "El Imparcial". Desde aquí alza su voz por la causa libertadora. Tiempo después, al no contar con el suficiente respaldo económico, abandona la publicación y la tierra de Benito Juárez, y viaja a Nueva York, donde coopera con los emigrados revolucionarios cubanos.

El Conde Kostia tiene que oponerse a la voluntad de su propia familia, la cual no participa de las ideas del destacado periodista. Uno de sus hermanos, el doctor Juan Valdivia Sisay, médico mayor de la Sanidad Militar de la Metrópoli, decide romper relaciones con él por este motivo, lo cual habla muy bien de las cualidades de este patriota. Una vez establecida la República Neocolonial, Aniceto torna a la Mayor de las Antillas y se reincorpora a la redacción de "La Lucha". Pero ya ha dejado de ser Valdivia. Ahora es, y lo será para siempre, el Conde Kostia. Su celebridad se consolida a cada instante gracias a los contundentes trabajos divulgados en "El Fígaro", en Letras, en "Cuba y América", en "El Hogar", entre otros medios de difusión.

Traba amistad íntima con el poeta nicaragüense Rubén Darío, en las visitas que este realiza a nuestro país. También despliega una incansable actividad cultural en La Habana, junto a Casal, los hermanos Uhrbach y Juana Borrero.

Cuando cae el gobierno de Tomás Estrada Palma, desde las columnas de "El Triunfo" —diario fundado para apoyar la aspiración presidencial de José Miguel Gómez— auspicia su candidatura.

En 1911, una vez electo mandatario el general villareño, Valdivia parte a Noruega para representar a Cuba ante la corte de Haakon VII. Con elevados méritos cumple su cometido. Se incorpora al mundo literario y periodístico de la nación escandinava, pues los intelectuales del lugar admiten su valía, cultura y el dominio de varios idiomas. Al desarrollar un brillante estudio histórico sobre ese país, titulado «La moderna Noruega», el rey vikingo lo condecora con la Gran Cruz de Olaf. Sin embargo, es esta la única prerrogativa que acepta en su vida, debido a que no puede rechazarla, como hubiera deseado, por cuestiones diplomáticas.

El Conde Kostia desaprueba todos los homenajes y tributos que intentan rendirle a cada instante. La sencillez y modestia dominan su ser. Declina, incluso, en París, las palmas académicas que los eruditos franceses quieren imponerle al traducir Esmaltes y camafeos, de Gautier; Ruiseñora, de Catulle Mendés; «Traducción en verso castellano de yámbicos y de Lázaro», de Augusto Barbier; El grupo de los idilios, La leyenda de los siglos y Poemas, de Víctor Hugo, y otras obras, entre las que sobresalen algunas de Charles Baudelarie y José María Heredia.

Mas, en su tierra se hace merecedor de honores. Considera esencial el haber elaborado el discurso de aceptación de Enrique José Varona en la Sección de Literatura de la Academia Nacional de Artes y Letras, de la que es miembro de número. Esta apología se considera como una pieza antológica de su género.

Con posterioridad, Valdivia ocupa el puesto de Ministro Plenipotenciario de Brasil. En suelo carioca: «...se destacó por su distinción, su inteligencia, su sociabilidad y su cultura; pero en los medios en que alternaban los escritores y artistas, su presencia monopolizó la atención de todos, por ser la suya, más que diplomática y social, una personalidad de hombre de letras, con una sólida formación cultural, sobre todo, muy informado de las Literaturas Modernas...», detallan los periódicos de la época.

El Conde Kostia retorna a su patria y al periodismo; esta vez desde el Heraldo de Cuba, órgano fundado por Manuel Márquez Sterling, en 1914, como uno de sus primeros redactores. Desde las páginas de "El Mundo", "La Habana elegante", "Revista Cubana", el "Diario de la Marina" y "El Palenque Literario", Valdivia prosigue mostrando su talento y distingo. "Gráfico", "Social" y otros relevantes rotativos acogieron artículos y ensayos críticos, crónicas y poemas de este diarista por excelencia.

Aniceto es, además, un poeta influenciado por el movimiento que en Francia renueva las formas líricas, no sólo en la estructura del verso, sino en la originalidad temática. «Apolíneos», «Siderales», «Bronces cubanos», entre otros sonetos, evidencian la genialidad del villareño. Ultratumba, libro de acentuado tono romántico, recibe innumerables elogios de los doctos, tras ser editado en Madrid.

En 1904 sale a la luz en Cuba, por Rambla y Bouza, el opúsculo Melancolía, que recoge un poema en tercetos escritos en Londres un año antes.

Escribe las comedias Expropiación forzosa y La institutriz; a primera en colaboración con Eduardo Lustanó la segunda, con Eduardo Navarro González. 

Durante más de cinco décadas el Conde Kostia edita su obra, la cual se encuentra dispersa hoy en numerosas publicaciones nacionales y foráneas. A veces con su verdadero nombre, otras empleando los pseudónimos Kond Kostya, A La Vía y VLDVIA.

No cabe duda que su oficio preferido fue el periodismo. A pesar de sobresalir en otros órdenes, lo cierto es que en la prensa se halló su principal actividad creadora y que, al no existir muchas referencias o fichas biográficas, resulta necesario reunir toda la información posible para llevar a cabo una revisión más rigurosa y profunda de su labor.

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