Augusto de Armas y Colón 
(1859 - 1893)

Nacido en una familia de escritores y periodistas cuyo apellido aportó vástagos conocidos al ámbito de la cultura cubana del siglo XIX y comienzos del XX, fue un habanero de muy corta existencia que escribió mayormente en francés.

Recibió una cuidadosa educación, pero abandonó los estudios antes de concluir el bachillerato y después no prosiguió carrera universitaria alguna como hubiera gustado a su familia. Sin embargo, siendo aún muy joven se dio a conocer como conferencista de asuntos literarios e históricos y colaborador de "El País", "El Fígaro" y "La Habana Elegante". Sin cumplir veinte años ya se le conocía como periodista y se le tenía justamente, entre los jóvenes de quienes cabe esperar un desempeño brillante en el panorama de la cultura y, en particular, de la literatura insular. Corresponden a esa etapa adolescente sus versos en español que, según los críticos, denotan la influencia de Julián del Casal, su contemporáneo y amigo. Un soneto titulado “Alcoba” permite juzgar al joven poeta.

En octubre de 1888 se trasladó a París para permanecer allí durante el resto de su vida. Entró como redactor en un diario parisiense, pero su primer trabajo fue un "cuento" tan escandaloso que la edición fue recogida, el editor tuvo que pagar una multa y él, por supuesto, fue despedido. Colaboró en "América" en París y en "L'Echo de France" (París, 1892), en este último bajo el pseudónimo Jules Rock. En la "Revista Cubana" (La Habana, mar., 1893) apareció publicado un trabajo suyo sobre Memorias de ultratumba, que según la propia revista formaba parte de un libro inédito, escrito por el autor en 1886, sobre los románticos franceses. En "La Ilustración de Cuba", en 1893, después de su muerte, se publicó un artículo suyo sobre Donoso Cortés. En la Ciudad Luz estableció nexos con los intelectuales alcanzó un dominio de la lengua francesa que le permitió expresarse con la misma facilidad que en español. Publicó allá su único libro Rimes byzantines, en 1891 y dejó inédito su libro Le poéme d' un cerveau bajo pseudónimo.

En Cuba se recogieron algunos de sus versos en más de una antología y, en su tiempo, mereció elogios de importantes críticos y escritores: Rubén Darío, Alfonso Reyes, Max Henríquez Ureña y, entre los cubanos, de José Martí, Diego Vicente Tejera, José Manuel Poveda, Aniceto Valdivia (Conde Kostia) y varios más.

Augusto de Armas es considerado otro de los tantos olvidados poetas modernistas cubanos quien, aunque incluyó en su Rymes bizantines un poema titulado "Tropicale" cuyo tema fue precisamente el sopor y el hastío del trópico, fue mucho más allá del afrancesamiento de Casal y asumió el francés como parte irrenunciable de la escritura parnasiana y, junto con la lengua literaria, toda una tradición que se remonta por lo menos hasta Victor Hugo.