Enrique Hernández Miyares
"Grisóstomo" - "Hernán de Henríquez"
(1859 - 1914)


Fuera del ámbito de las humanidades, es posible que muy pocos recuerden cuánto aportó a la cultura cubana el poeta y periodista Enrique Hernández Miyares. Nació en Santiago de Cuba en 1859 y murió en La Habana en 1914. Era casi un adolescente cuando se inició en el periodismo y desde entonces desarrolló durante muchos años una amplia labor al respecto. Fue redactor del «Diario de Señoras» y de «El Almendares». Dirigió «La Habana Elegante» desde 1888, una de las publicaciones emblemáticas de las postrimerías del siglo XIX, de gran incidencia no sólo en las letras cubanas, sino también en Centro y Sudamérica. También laboró en «La Habana Literaria», fundada en 1891, y considerada la sucesora de aquella. Fue amigo de los poetas que iniciaron la renovación modernista, e influyó sobre ellos bajo el signo de la discreción y el equilibrio clásicos. Sostuvo una entrañable amistad con Julián del Casal, revisó las pruebas de su último libro y en su memoria instituyó el “Día de Casal.”

Sus vínculos con Martí fueron sólidos y frecuentes, y dan fe de la mutua estimación que se profesaban. En 1889 hubo dos muestras importantes de esa relación: la primera es la carta que le dirigiera el Apóstol con motivo de la polémica que se suscitó en torno al artículo “En la Antropológica”, firmado por Un Colaborador Asiduo, y referido al homenaje que se le tributara al presidente de esa sociedad, el erudito cubano Antonio Bachiller y Morales, el 27 de febrero de 1889. Ya nos hemos referido detenidamente a este hecho en el artículo “Antonio Bachiller y Morales: un fundador de la cultura cubana”. La segunda, tuvo lugar cuando la publicación habanera se hizo eco de la carta de Martí al director de «The Evening Post», de Nueva York, publicada el 25 de marzo de ese año, que ha pasado a la historia con el título de "Vindicación de Cuba". Como se sabe, en ella el cubano daba respuesta a la campaña difamatoria contra nuestro país iniciada días antes por el periódico filadelfiano «The Manufacturer», y de la que se hiciera eco el rotativo neoyorquino. Debido a la importancia política del documento, ya el 3 de abril de 1889 circulaba entre la emigración cubana de Nueva York el folleto "Cuba y los Estados Unidos", contentivo de los artículos ofensivos y la viril réplica, traducidos al español.

La repercusión en la Isla no se hizo esperar. «La Habana Elegante» publicó un extenso artículo, en su sección habitual “Carta de Nueva York”, el 28 de abril de 1889, titulado “Cuba y los Estados Unidos,” en el que se aludía a la publicación del folleto homónimo de Martí. Aparentemente, Enrique Hernández Miyares, en su calidad de director de la publicación, sólo informaba respecto a un acontecimiento editorial de interés para el lector cubano, y cita in extenso el texto de Martí, aclarando en más de una ocasión que reproducen sus ideas y opiniones. No obstante, y ya al final del artículo, emerge la simpatía explícita del periódico. Tal vez la más alta prueba del afecto que Martí sentía por el bardo santiaguero sean estas palabras, presentes en carta que le dirigiera el 2 de julio de 1894: “Visito poco o nada, sobre todo a quienes influyen en la opinión, porque pueda parecer lisonja. Pero con usted no tengo miedo. Usted sabe de almas. Usted conoce la mía. Usted sabe que esta visita es cariño. Ni tengo miedo de que usted no me lo pague, me basta con tenérselo”.

Cuando en 1895 estalló la nueva contienda independentista, emigró a Estados Unidos, donde formó parte de la redacción de «Patria» y dirigió el semanario «Cacarajícara». En el exilio publicó composiciones patrióticas como “El Machete” y “La Bordadora”. Ya en la República fue miembro fundador de la Academia Nacional de Artes y Letras y secretario del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana. Ocasionalmente cultivó también el modo de expresión Modernista, pero su obra lírica denota un cuidado y una laboriosidad más apegados al clasicismo, como su célebre soneto “La más fermosa.” Este fue escrito con motivo de la defensa que en el Senado de la República hizo Manuel Sanguily de la integridad nacional cubana, en contra de la aprobación del Tratado de Reciprocidad Comercial con los Estados Unidos, que defendía Antonio Sánchez de Bustamante. La aparición del soneto produjo una intensa polémica, y se dijo que era un plagio de otro, original del erudito investigador español Francisco Rodríguez Marín, quien desmintió el infundio. Posteriormente se le tributó al poeta un homenaje de desagravio. Sus poesías fueron publicadas en un volumen por la Academia Nacional de Artes y Letras. En otro volumen de Prosas se incluyeron artículos, ensayos y crónicas de impresiones literarias, comentarios políticos y algunos cuentos.

Estos algunos comentarios que hace José Manuel Carbonell sobre la obra literaria de Hernández Miyares del prólogo del volumen Prosas: "La personalidad literaria de Hernández Miyares, es más luminosa por la órbita que describe su paso alrdedor de una época, que por su producción. Sin ser astro de primera magnitud brillo como tal, aun cuando sus satélites, o la mayor parte de ellos, no fueran, al resplandor de la verad, planetas secundarios y aun destellan más radiante luz... Obligado por las circunstancias fue más periodista que literato. La lima de Flaubert, y la lija con que el mago de Los trofeos limpiaba de impurezas sus joyas inmortales lo llenaban de admiración, sin conquistarlo. Sus páginas mejores tienen el sello de la impresión repentina y se resienten de su espontaneidad."

"Trabajó únicamente el duro Carrara del soneto. En el difícil arte era maestro consumado; pero no leyó nunca dos veces, antes de darlas a la caja, las cuartillas de sus prosas afluentes y espolvoreadas de sal. Indudablemente su producción no gurada relatividad con su actuación de treinta años en los cenáculos lilterarios... Pero si produjo poco, luchó en cambio mucho por el desarrollo de la cultura en un período verdaderamente crítico de nuestra historia inefable de ejercer decisiva influencia sobre sus contemporáneos, a los cuales supo inspirar confianza, manteniendo encendida entre las tinieblas de la colonia la inextinguible lámpara de fe.. Hernández Miyares fue más apóstol que soldado, más guía que productor... Como poeta, la individualidad poética de Hernández Miyares se enrolla con madreselvas de eternidad al ideal revolucionario. Y se inmortaliza en sus magníficos sonetos de corte clásico y estilo siglo diez y siete, que parecen, como dijo el afamado Conde Kostia desprendidos de la escarcela de don Juan de Urquijo... Sus versos no están excentos de belleza y de originales. Es su poesía tiernamente patriótica, más ungida de lágrimas que henchida de cóleras, más en la orbita del tierno Mendive que del indignado Heredia, y sus sonetos y romances de sabor cervantesco, lo que riega su laurel y echa raíces en la tierra próvida de su recuerdo..."

"Como prosista se distinguió por la gracia punzante del estilo y la elegancia del pensamiento... Nadie como él sabía asomar la intención a los balcones de su fantasía y hacer reír o llorar con una frase... No le dio importancia a sus trabajos. Nunca decidió a encerrarlos en un libro ni se preocupó de recogerlos. Su juicio les era adverso. Su labor fue de diario: un día de sol y nada más. Sus Prosas no hacen pensar, sino sentir. Son sugestivas, frescas, frágiles, picarescas, sentimentales, dulces, compasivas, cáusticas, mordientes, y, sobre todo, criollas. En ellas brillan por su ausencia la razón dogmática, el argumento profundo, la filosofía compleja, el pensamiento atrevido, la idea oscura, la expresión altisonantes como despeñado torrente."

La contribución de Hernández Miyares a la valía de la cultura nacional no se limita sólo al cultivo de su propia poesía o a sus dotes de crítico o narrador. También hizo posible la difusión de la obra de sus contemporáneos y estuvo inmerso desde su oficio de periodista en la vida política e intelectual del país. Utilizó los pseudónimos Grisóstomo, Hernán de Henríquez y Juan de Jiguaní.
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