Esteban Borrero Echeverría
(1849 - 1906)

Hijo de Esteban de Jesús Borrero. Aprendió las primeras letras en una escuela que abrió su madre. En ella ejerció como maestro ya desde los once años de edad. En 1860 ingresó en la Primera Escuela Municipal de Varones de Camagüey, donde completó su educación y aprendió teneduría de libros.

Se acreditó como profesor de instrucción primaria en Puerto Príncipe. En 1863 se colocó como ayudante delineador en la Comandancia de Ingenieros de su ciudad natal. Abrió una academia nocturna para adultos a la vez que recibía clases en el Instituto de Aplicación. Al estallar la guerra del 68 partió hacia la manigua con sus discípulos. Allí fundó dos escuelas y sirvió en las armas hasta llegar a ser jefe de servicio de avanzada, capitán y más tarde coronel.

Cayó prisionero y sufrió grandes penalidades hasta la Paz del Zanjón. Logró liberarse de la pena de muerte y del destierro y regresó a Camagüey, donde se ganó la vida como zapatero y panadero. Sospechoso al gobierno español, fue condenado al presidio de Isla de Pinos, pero obtuvo un permiso para permanecer en La Habana.

Admitido como maestro sin sueldo en los colegios de la capital, trabajó también como librero encuadernador en sus horas libres. Estudió agrimensura y la carrera Pericial de Aduana. Fue vicedirector de la escuela El Pilar y director de la escuela nocturna El Recreo Español. Se graduó de Licenciado en Medicina y Cirugía, pero no pudo obtener el doctorado a causa de su falta de recursos económicos. Obtuvo por oposición la plaza de médico municipal de Puentes Grandes.

Fue cofundador de la Sociedad de Estudios Clínicos y de la Sociedad Antropológica. En 1892 se trasladó a Nueva York para entrevistarse con algunos miembros de la Junta Revolucionaria. A causa de la guerra del 95 se vio obligado a emigrar a Cayo Hueso. En Estados Unidos y América Central ejerció como farmacéutico, médico y maestro. Dirigió la escuela del Club San Carlos, de los emigrados cubanos.

Fue nombrado delegado del Partido Revolucionario Cubano y ministro del gobierno de la República en Armas en Costa Rica y El Salvador. Volvió a Cuba en 1902 y representó al Tercer Cuerpo del Ejército en la asamblea de libertadores. Fue catedrático de Anatomía, de Psicología Pedagógica, Historia de la pedagogía e Higiene Escolar en la Universidad de La Habana, así como otros cargos relacionados con la enseñanza. Fundó y dirigió «El Colibrí» y fue redactor de «El Oriente» y «El Triunfo».

Colaboró en la "Revista Cubana", "El Fígaro", "La Habana Elegante", "Revista de Cuba". En diversas publicaciones periódicas científicas, como la Crónica Médico-Quirúrgica de la Isla de Cuba el «Boletín de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba» y la «Revista de Ciencias Médicas de La Habana», fue redactor y además ocupó cargos de dirección.

En 1879 dio a conocer en la «Revista de Cuba» su cuento “Calófilo”, en forma de diálogo, sin acción, tenso choque de ideas. Un sujeto razonador, torturado por la duda, escéptico, víctima de lo que los historiógrafos se dieron en llamar mal del siglo.

En 1888, en la «Revista Cubana», publicó "Cuestión de monedas", relato también de sentido filosófico. Y en este mismo año y en la misma revista, dio a conocer una inesperada fantasía satírica titulada Aventura de las hormigas, en la cual Borrero pone a razonar a estos insectos himenópteros en un mundo semejante al de los seres humanos. Es una fantasía que recuerda a Mozart ensayando su réquien, del místico y escéptico Tristán de Jesús Medina, nacido en Bayamo en 1833 y que falleció en Madrid en 1886. La fantasía de Esteban Borrero tiene elementos de ciencia ficción. Quizás el texto que le hizo más resistencia. Pero Borrero no lo reanudó nunca. Así y todo fue incluido en el volumen II de Noveletas Cubanas, en 1974, por la Editorial Arte y Literatura.

En 1889 Borrero sorprendió con el primer libro de cuentos, como tal, aparecido en la literatura cubana, titulado Lectura de Pascuas. Se trata de un pequeño libro formado por tres piezas narrativas avaloradas por ilustraciones hechas a lápiz de Dulce María y Juana, las dos excelsas poetisas y pintoras, hijas del autor, y dos cartas que llenan misión preliminar: una de Varona y otra de Luis Montané. Los cuentos se titulan: “Una novelita”, especie de lance amoroso sin final que publicó en la «Revista de Cayo Hueso» en 1888; el segundo es “Machito, pichón”, un recuerdo infantil de los engaños del mundo; y el tercero tercera, “Cuestión de monedas”, publicada diez años antes en la «Revista Cubana», es una moraleja amarga, la historia simbólica del propio autor que quiso pagar con oro en un mercado en un mercado donde no circulaban más que monedas de barro.

Su autobiografía fue publicada en la Revista de la Facultad de Letras y Ciencias de la Universidad de La Habana, de cuyo consejo de redacción formó parte al iniciarse su publicación. Dejó inédito, entre otros libros, un tomo de poemas. Tradujo Las instituciones antropológicas, de Broca, y el Tratado de aritmética, de Wentworth. Trabajos sobre pedagogía y medicina quedaron en preparación.

Novelas

Aventura de las hormigas (inconclusa)


Relatos

Relatos sueltos

Calófilo

El ciervo encantado


Lectura de Pascuas

Cuestión de monedas
Una novelita
Machito, pichón

Ensayos - Artículos - Crónicas

Las bellas artes y su influencia social

Alrededor del Quijote

El amigo del niño

Alma cubana

El café: apuntes para una monografía