José Gil Fortoul
(1861 - 1943)

Aunque varias ciudades del Estado Lara se disputaban su cuna, ya hoy se sabe que el eminente escritor José Gil Fortoul nació en Barquisimeto y se crió en El Tocuyo. En sus primeros años vivió en El Tocuyo, donde recibió las primeras orientaciones del gran maestro, fundador del Colegio La Concordia. Don Egidio Montesinos. Gil Fortoul es, sin duda, la más beligerante figura del movimiento positivista en Venezuela. Llegado a Caracas para realizar sus estudios de derecho en la Universidad Central, se encuentra con Ernst y Villavicencio, empeñados en la renovación de las ideas y de la ciencia, desde las aulas del importante centro de estudios. Desde entonces, se convierte en el di.scipulo más fervoroso de los ilustres maestros. Desde los cenáculos literarios, desde las páginas de sus libros, será el más convencido cruzado del positivismo entre nosotros. La doctrina de Darwin, el radicalismo de Haeckel y las más categóricas teorías materialistas, según sus propias palabras, constituyeron el centro de sus más encendidas defensas en las columnas del diario más leído de entonces: «La Opinión Nacional». 

Con cierto afán de dominarlo todo en el campo de los conocimientos, Gil Fortoul después de probar la novela, el cuento, el ensayo literario, endereza su vocación hacia la historia y la crítica sociológica. Político, hombre de estado, diplomático, viajero incansable, con cierto tono de rebeldía en su vida intelectual. Gil Fortoul es una de las figuras más completas, producida por nuestras letras en los finales del siglo XIX. 

Al mismo tiempo que incursiona por el campo de la novela. Gil Fortoul anuncia sus inclinaciones poéticas. Su testimonio queda queda en un libro de juventud: La infancia de mi musa, fechado en El Tocuyo en 1879 y con prólogo de Luis M. Castillo. 

Su primera novela, Julián, Respondía a la influencia realista francesa. Contra la vieja novela romántica, demasiado empalagosa y cargada de episodios inverosímiles, Gil Fortoul reacciona con la pintura y creación de personajes nacidos del propio drama de la vida. Acude a su maestro Bourget, de moda para entonces en Europa, para trazar personajes de cierta riqueza sicológica. Julián, el protagonista: «Muy delgado y muy pálido; los cabellos en desorden; grandes ojos negros, habitualmente tranquilos y tristes, pero apasionados y llameantes a poco de haber empezado a hablar... En medio de un mundo, a ratos grotesco, la admonición más categórica contra los falsos temperamentos puestos en boga por el romanticismo. Julián es un romántico que paga con su vida en un final dramático, su exceso de sensualidad y pesimismo.  

¿Idilio? y Pasiones, fechadas una en Liverpool, 1892, y la otra en París, 1895. son dos novelitas en las que el autor quiere canalizar su poderosa vocación de observador, durante los días finales de la dominación de Guzmán Blanco.  Es indudable que si Gil Fortoul no llega a la creación novelística con precisión, por falta de consistencia de sus personajes, no es menos cierto que su obra narrativa representa para la época una novedosa búsqueda, en la que de cierto modo se descubren ingredientes extraídos de la realidad nacional.  

Después concentra sus esfuerzos en el estudio de la historia. Para él la historia ya no es la evocación grandilocuente de los hombres y sus hechos. La historia romántica de Juan Vicente González y de Eduardo Blanco así como la fríamente clásica de Baralt, es sustituída por una historia sociológica afianzada en métodos y sistemas más próximos a la ciencia que a la literatura. Gil Fortoul ha aprendido de los grandes historiadores modernos europeos la clave más avanzada para la interpretación del proceso vital de los pueblos. En contraposición a la historia clásica, a lo Mariana, o la romántica a lo Michelet. Gil Fortoul se acerca a Taine, a Ranke y posteriormente a Hegel. Sus grandes trabajos en el campo de la historia venezolana con su Filosofía Constitucional, El Hombre y la Historia y su famosa Historia Constitucional de Venezuela. Esta última fue empezada a publicar en Berlín hacia el año de 1907 y a la muerte del autor sólo hubieron de aparecer tres tomos que abarcan nuestro proceso histórico, desde sus orígenes hasta casi el término de la Guerra Federal (1863). 

Filosofía Constitucional fue publicada por su autor en París hacia 1890. El propio Gil Fortoul explica en forma meridiana en el prefacio del libro su objetivo fundamental: «En este estudio nos hemos propuesto una vez determinados los fundamentos históricos del gobierno y sus caracteres esenciales, indicar las tendencias que en una república federal se manifiestan en cuanto a la organización y funcionamiento de los poderes públicos». Con citas de la Evolución del Organismo de Haeckel, "La Vida de las Sociedades" de Bordier, de "De la soberania del Rey" de Le Bret, de "Estructura y Vida del Cuerpo Social" de Schaffle, etc., el sociólogo e historiador enfoca con novedosa información científica, «el variable predominio de los factores de la transformación social» en nuestro país. 

El hombre y la historia es un ensayo no menos documentado que el anterior, en el que Gil Fortoul analiza nuestros problemas sociales étnicos y políticos, a la luz de las opiniones más nuevas en el proceso vital de la humanidad. De acuerdo en gran parte con Spencer, muchas de sus conclusiones aplicadas a nuestra realidad son acreedoras a una revisión crítica exhaustiva. Pero es indudable que los fundamentos de sus tesis inspiradas en la interpretación científica de los hechos sociales significan un punto de partida inconfundible en el adelanto de los estudios históricos nacionales. 

La historia constitucional de Venezuela es el primer análisis metódico de nuestro desarrollo económico, social, político y cultural a través de toda la vida del país. Ya no ocupan la atención fundamental del autor, las guerras, los generales, la estrategia de las batallas, las escenas heroícas, como había sucedido en nuestra historiografía anterior, sino que el nuevo historiador profundiza en el examen de los factores sociales que condicionan el proceso histórico, hasta penetrar en la sicología colectiva de los partidos politicos y del particular fenómeno de los caudillos. El propio Gil Fortoul explica los alcances de su obra histórica en los siguientes términos: «Es ciencia y arte, o literatura, a un tiempo. Ciencia, en los mismos títulos y por iguales razones que las demás ciencias; estudio que allega materiales minuciosos para clasificarlos, y luego describir y compendiar, apuntar hipótesis, hacer conjeturas momentáneas y señalar causas, asentar conclusiones, formular leyes de evolución, sistematizar, revivir el pasado -ambiente, hombres, sucesos-, explicar el presente y echar una que otra ojeada al porvenir». 

Como puede observarse, Gil Fortoul a través de sus trabajos históricos especialmente logra crear si se quiere una escuela historiográfica nacional, acorde para su tiempo con los postulados científicos más nuevos, frente a la tradicional historia, todavía no liberada de la crónica que se había cultivado hasta entonces en Venezuela.

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