A la cigarra
José Martí

¡Oh cigarra! Te felicitamos, porque habiendo bebido un poco rocío sobre las copas de los árboles cantas como rey.

Pues todas aquellas cosas cuantas ves en los campos, ora cuantas las selvas producen, son tuyas. Tú eres amiga de los la­bradores, no dañando en algo a nadie. Eres honrada de los mortales, dulce profeta del estío: las musas en verdad te aman; el mismo Febo159 te ama y te dio tanto penetrante.

La vejez no te oprime ¡oh sabia! nacida de la Tierra, amiga del canto, impasible, de sangre blanca: eres casi semejante a los dioses.