A la paloma
José Martí

Querida paloma,

¿De dónde, de dónde vuelas?

¿De dónde, corriendo sobre el aire, derramas y destilas tan­tos perfumes?

¿Quién eres? ¿Qué te da cuidado?

Anacreonte me envió a un niño, a Batilo —al que manda siempre en todos, y al tirano.

Citerea me vendió habiendo tomado un pequeño him­no, y yo sirvo en todo esto a Anacreonte, y ahora ya ves que llevo sus cartas, y dice haber de hacer a mí muy pronto libre, y yo en verdad, aunque me dé suelta, permaneceré esclava junto a él, pues ¿qué importa a mí volar por montes y cam­pos y posarme en los árboles habiendo comido algo salvaje?

Entre tanto ahora, en verdad, como, habiendo arrebatado el pan de las manos del mismo Anacreonte, y da a beber a mí el vino que bebe antes. Habiendo bebido, bailaré, y ocultaré a mi señor con mis alas. Habiéndome posado sobre la misma lira dormiré.

Ahí lo tienes todo, hombre: acércate: me has hecho más habladora que una corneja.