La prensa

(Fragmentos)

 

La afición a la lectura de periódicos. Tipos de lectores. Los vendedores de periódicos. Hazañas de éstos. Facilidad de fundar periódicos. Existencia de los mismos. Asuntos tratados. Medios de que se valen. El chantaje. La Revista de Cuba. Su fundador. Excelencia de esta publicación. Cambio de dirección y de nombre. El señor Enrique José Varona, su actual director. Los señores Sanguily, Delmonte, Govín, Bachiller y Morales y Vilanova. Rasgos sobresalientes de todos. Los colaboradores de la Revista Cubana. La Lucha. Su director. Servicios prestados por este periódico. Su influencia. Cruzada emprendida, etc.

Desde hace algún tiempo, hemos adquirido una costumbre esencialmente británica: la lectura de los periódicos. Si salís a la calle, al brillar el sol, veréis sentados en las puertas de los establecimientos, acaudalados comerciantes, con el traje del trabajo, leyendo ansiosamente, ora en voz alta, ora en voz baja, los diarios matinales. Si detenéis el paso, al cruzar delante de una casa de familia, veréis también, tras las rendijas de las persianas, al jefe del hogar, arrellanado cómodamente en ancha butaca, recorriendo las líneas del periódico que sostienen sus manos. Tanto el comerciante como el padre de familia, no pueden dedicarse con verdadero gusto, a sus ocupaciones diarias, si no han leído previamente los periódicos. La lectura de los diarios es una de sus primeras necesidades. Sólo se alimentan intelectualmente de periódicos. También es cierto que por ello no se olvidan de que saben leer. Durante la mayor parte del día, oiréis igualmente, ya en la calle, ya en vuestro hogar, los gritos de innumerables vendedores de periódicos que circulan por la ciudad. Casi todos los que se dedican a la venta son pilluelos ágiles, semejantes a los de Londres, que meten el periódico por los ojos, conocen el contenido de los artículos, interrumpen la marcha de los carruajes, ofrecen proporcionar los números prohibidos y se cuelgan de los ómnibus, a riesgo de golpes mortales, como racimos humanos.

No presentando grandes dificultades la fundación de un periódico, puesto que no se necesita protección, ni dinero, ni se adquiere inmediata responsabilidad, aparecen frecuentemente, en el estadio de la prensa, nuevos representantes de los diversos Partidos políticos. Unos logran sostenerse a costa de grandes esfuerzos; otros desaparecen rápidamente por falta de lectores; siendo difícil que alguno prospere, toda vez que el público tiene sus diarios predilectos.

A pesar de las persecuciones que sufren los periodistas, la prensa habla diariamente de los sucesos ocurridos, ya en forma clara y terminante, si el hecho es del dominio público, ya en forma novelesca, si se trata de encumbradas personalidades. Por más que se valga de este último medio, el público comprende fácilmente lo que se le quiere decir. También existen algunos periódicos que se dedican al chantaje, en grande escala, para compensar la falta de lectores. Así se explica la existencia de algunos diarios que tienen muy poca importancia.

Tratándose de la prensa hay que colocar, en primer término, tanto por su valor intrínseco, como por sus notables redactores, a la Revista de Cuba, publicación mensual, cuyo sostenimiento puede considerarse como obra patriótica. Fundada valerosamente, en época lejana, por el malogrado Cortina, llegó a adquirir, al poco tiempo, merecida publicidad. Todo el que vive en Cuba, debiera estar suscrito a dicha revista, no sólo por las materias interesantes de que trata, sino por ser la verdadera representación de nuestra cultura científica y literaria.

Muerto su fundador, pasó la Revista de Cuba a ser dirigida por el señor Varona, quien la publica mensualmente, bajo el nombre de Revista Cubana, a satisfacción de sus lectores. Enrique José Varona es el primero de nuestros grandes hombres. Dotado de asombrosa inteligencia, se dedica a todos los ramos del saber humano. Filósofo eminente, goza de reputación universal, hasta el extremo de que su libro de lógica sirve de texto, por exhortaciones de Ribot, en algunos institutos franceses; poeta exquisito, cincela sus joyas poéticas, con escrupulosidad de antiguo orfebre florentino, para deleite de los espíritus refinados; orador notabilísimo, hace pensar, a su inteligente auditorio, en que así debían expresarse los grandes oradores de las academias de Atenas; crítico profundo, ejerce magistralmente su misión, siendo considerado su juicio como el fallo definitivo de cualquier punto científico y literario. Varona es, en resumen, una figura enciclopédica que podría brillar esplendorosamente en el cuadro del más grandioso de los siglos.

Manuel Sanguily, el héroe superviviente de la revolución cubana, el orador más popular de nuestros días, el polemista incansable de contundentes argumentos, el crítico temible de anatómica penetración, es el primer redactor de la Revista Cubana. Dulce y cariñoso como un niño, altivo y colérico como un león, tal es el señor Sanguily. Tiene también algunos rasgos de misantropía, propio de aquellos seres que han perseguido vanamente su ideal. Vive monásticamente, en sencilla casa del Cerro, rodeado de libros. Allí se reúnen algunos amigos suyos, en ciertos días, formando una especie de cenáculo, para escuchar su deleitosa conversación, esmaltada de imágenes brillantes y de epigramas sangrientos. Sabido es que sus frases crucifican. Habiéndole preguntado un amigo, en memorable ocasión, qué le había parecido el discurso del diputado P, respondió el señor Sanguily:

–Frases haciendo gimnasio sobre un bigote y debajo de una calva.

El señor Ricardo Delmonte, cuya persona ha sido manoseada recientemente por pedante criticastro, en tonto articulejo, forma parte de la escogida redacción de la Revista Cubana. Aunque rara vez publica el señor Delmonte sus lucubraciones, por causas desconocidas, lo cual se atribuye maliciosamente al mal del país, cada vez que lo hace se registra un nuevo acontecimiento en la historia de la literatura cubana. Por más que su laboriosidad no haya correspondido, según lo publicado, a su poderosa inteligencia, el señor Delmonte será uno de nuestros inmortales. No es preciso para entrar en el templo de la gloria, ir cargado de enormes baúles, rellenos de toda clase de objetos: basta un cofrecito de madera preciosa, artísticamente esculpido, que encierre algunos diamantes negros. A pesar de que el señor Delmonte se ha consagrado a la crítica, posee excepcionales condiciones para el cultivo de la poesía; pero la opinión pública, que lo ha proclamado príncipe de nuestros críticos, no ha consentido que fuera dos veces grande. Tal vez influya, en su lamentable silencio, su continua soledad. ¡Desgraciado del hombre solo! ¿Quién puede aplicarse, con más motivos que el señor Delmonte, las anteriores frases del Evangelio, tan repetidas por los moralistas?

El señor Antonio Govín, notable orador satírico, profundo jurisconsulto y secretario del Partido Liberal; el señor don Antonio Bachiller y Morales, venerable caballero, tanto por sus años como por su erudición; y el señor Vilanova, conocido profesor, muy perito en materias económicas, completan el grupo de redactores de la nunca bastante ensalzada Revista Cubana.

Además de su valiosa redacción, cuenta la Revista, en el número de sus colaboradores, a los señores Varela Zequeira, Borrero Echeverría, Armas y Cárdenas, Mitjans, los dos Sellén y todos los que gozan de merecida celebridad.

Después de la Revista Cubana, hay que mencionar, en el número de los diarios, ya por su circulación, ya por su popularidad, al periódico democrático La Lucha, el favorito de nuestro público, dirigido por el señor Antonio San Miguel, que es una de las personas más agradables y de mejor sentido práctico que conocemos.

Debido al sistema que emplea, su diario ha llegado a ser, en corto espacio de tiempo, el órgano de la opinión pública, la cual está por encima de todos los poderes. Ocupándose minuciosamente de lo sucedido, diciéndolo todo sin ambages ni rodeos, interpretando los sentimientos populares, pidiendo el cumplimiento de reformas prometidas y anunciando las que reclama el porvenir, ha hecho temerse, no sólo de los que desempeñan los primeros cargos públicos, sino de todos los parásitos que pululan alrededor de éstos. No se comete un solo acto de ilegalidad, sin que al instante sea denunciado por el diario democrático.

La Lucha no sirve directamente a ningún partido político, sino a los intereses generales del país. Tanteando el pulso de la muchedumbre, es su primer cortesano y su más ardiente defensor. El pueblo compensa a su periódico, consumiendo diariamente numerosos ejemplares.

La redacción de La Lucha, compuesta de jóvenes escritores, como conviene a un periódico de combate, ha emprendido, en los últimos tiempos, una heroica cruzada contra el régimen actual. Desde los señores Rivero, Morales y Daniel, redactores políticos, hasta los señores Valdivia y Briñas, redactores literarios, todos han contribuido en la medida de sus fuerzas, a realizar los fines indicados.


La Habana Elegante, 13 de mayo de 1888.