Prosa modernista artística

La narrativa estetizante surge cuando la prosa modernista se vio en aprietos al tratar de novelar los recursos de la poesía por el conflicto entre la frase bonita y el cuidado del desenvolvimiento de la acción. Un resultado de esto es el poema en prosa o prosa poética (que no halló su perfección sino hasta bien entrado el siglo XX); hubo quienes celebraron este nuevo género pero muchas veces nos encontramos con mutilaciones que quedaron en palabrería. Sin embargo, quienes encontraron una visión profunda, contribuyeron a la dignificación de la prosa castellana. Algunos estuvieron en ambos casos. Entre los estetizantes hay que decir que encontramos una gran mayoría de poetas dados a la narrativa y también encontramos autores de cuentos y novelas, pero, así como los románticos preferían a la novela, los modernistas preferían al cuento.

Esta variedad del Modernismo se interesa más que todo por explotar lo estético y lo artístico de la palabra, inspirándose sus autores en modelos europeos y siguiendo, al pie de la letra, las doctrinas y los conceptos esteticistas europeos de la larga tradición grecolatina. El discurso narrativizado y la focalización cero son los más apropiados para la finalidad descriptiva del Modernismo al trasponer, en el discurso, objetos de otras artes y crear así un lenguaje puramente estético, rítmico y musical. De las funciones del narrador sobresale la función expresiva que pone de manifiesto una total filiación hacia el esteticismo y la quintaesencia, con el fin de dotar, a la realidad descrita y a los personajes, de predicados remitentes a la belleza por la belleza misma tomados de las otras artes. La función ideológica es inherente a la expresiva, pues el autor, al decidirse por lo puramente estético, renuncia a lo que no lo es, y, por lo tanto, toma una actitud de rechazo ante lo feo y o artístico. La fábula es de carácter lineal, por lo tanto, los personajes no sufren ningún tipo de transformaciones, pues lo que interesa es la descripción de exquisitos ornamentos, formas y cosas, donde ellos también forman parte de esos objetos. En la narrativa modernista estetizante, la historia es un simple pretexto para poner en evidencia un derroche de fantasías artísticas y de sugestiones sensoriales, donde lo que cuenta es el sujeto-contemplador.

Tras los primeros ensayos prosísticos modernistas, con la publicación de cuentos artísticos y preciosistas a la manera de los relatos de moda en Francia, muy pronto, también se manifestó la tentativa de llevar a la novela las novedades estetizantes de Modernismo, siguiendo, como modelos, las novelas de ciertos autores europeos como Wilde, Lorraine, Huysmann y D’Annunzio. En las novelas modernistas, la materia novelable está totalmente subordinada a los requerimientos de la prosa artística, y sobresale el tema lo europeo y no lo propiamente americano. Las novelas modernistas son, más bien, lentos poemas en prosa, cuajados de preocupaciones intelectualistas y de toda una elaborada retórica de lo exquisito y lo raro, es decir, un lujo de formas, de colores y sonidos, cuyos personajes, frecuentemente, reflejan el desdeñoso sentimiento de superioridad intelectual de sus autores: abúlicos, mal hallados con la realidad y llenos de sueños de belleza, enamorados de una armonía inalcanzable.