Prosa pre-modernista (1885 - 1896)

Es el período que marca la transición y en el que comienza a mostrarse el reemplazo, la superación y la desaparición de los temas gastados del Romanticismo, producto de los puramente sensorial y bello. Los autores, influidos o formados siguiendo las corrientes literarias francesas, empiezan a darle a la literatura en lengua castellana nuevos temas y nuevas formas. Cabe señalar que muchos poetas y escritores de la segunda generación romántica, influidos por Bécquer y Alejandro Dumas hijo, entre otros europeos, empiezan a experimentar con un estilo artificioso y refinado que marcaría un cambio en la manera de narrar, dominada por el prosaísmo naturalista. Estos autores, que aún no son totalmente modernistas, pero que muestran gustos singulares por lo refinado, aristocrático, cosmopolita, esteticista, abren la puerta o sientan las bases del movimiento más largo, original y contundente de la historia literaria de Hispanoamérica (el Modernismo). Un rasgo importante de estos premodernistas es que todos son muy distintos, pero lo común entre todos ellos parece ser el resentimiento contra las condiciones de vida social inmediata y el aire jactancioso de ser los primeros en cultivar las letras por las letras mismas. Tanto los humanistas de gustos clásicos, como los románticos tardíos, los realistas, los naturalistas a lo Goncourt y Tolstoy, los parnasianos, simbolistas y, en fin, los que luego se llamarán modernistas, se sienten irritados por la sociedad, y esta irritación les hace segregar perlas de literatura. En las obras narrativas de esta generación encontraremos las más variadas oposiciones: lo viejo frente a lo nuevo, lo exótico frente a lo conocido, el campo frente a la ciudad, los buenos frente a los malos, lo grotesco, truculento, frente a lo sublime y bello, lo tradicional, frente a lo moderno y por su puesto, un gran culto a la belleza, la armonía, la naturaleza y sus poderes. Es el culto esteticista que tanto caracterizaría al Modernismo.